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Se dispara el descontento con la gestión de Bartomeu, Estado de decepción en el Barcelona

El Real Madrid de Zidane, una máquina de competir perfectamente engrasada, confirmó el domingo en el Camp Nou que, efectivamente, se había hecho el muerto en el ensayo de pretemporada en forma de Clásico que se disputó a finales de julio en Miami. Con cosas importantes de por medio, el conjunto blanco cambia de registro, se aplica y retrata a cualquiera. Así lo pudo comprobar el Barcelona, que a diferencia de su eterno rival sí que había acumulado buenas sensaciones en pretemporada. El panorama cambió de vuelta a la competición oficial, donde los azulgranas dejaron al aire sus carencias. Y ya se sabe: si el equipo de fútbol no funciona, se desmorona todo lo demás.

La ida de la Supercopa deja al Barcelona en una situación de debilidad generalizada que contrasta con el paso firme del Real Madrid. En el vestuario hay alarma por la inferioridad respecto a los blancos y en la grada crece la impaciencia por la falta de rumbo deportivo y la ausencia de portavoces de los que enorgullecerse. Mientras, en el palco empiezan a ser conscientes de que la inercia ganadora liderada por Leo Messi puede agotarse en perjuicio del gobierno de Josep Maria Bartomeu, un presidente en entredicho por el acuerdo con la Fiscalía para sellar el primer caso Neymar, los negocios fraudulentos de su valedor entre rejas (Sandro Rosell) y en general una forma de proceder más propia de un consejo de administración que de una entidad deportiva centenaria.

EL MODELO, EN DUDA

Jugar en el primer equipo se está convirtiendo en un imposible para los jóvenes que suben desde La Masía. Ni siquiera ejemplos de paciencia y progresión como Sergi Roberto se premian con galones en la primera plantilla, con confianza merecida. De momento, el de Reus debe conformarse con ser recambio para la medular y solución de emergencia para el lateral. Y encima le traen competencia en forma de Paulinho. Otros jugadores, como Mboula, Èric Garcia o Grimaldo, prefieren marcharse para encontrar las oportunidades que los técnicos brindan a fichajes como Lucas Digne o Arda Turan. Algo parecido vale para el caso de Marc Bartra, que actualmente es titular en la Bundesliga y fijo en las listas de la selección española después de comprobar que el club optó por apostar por Mathieu.

EL TÉCNICO, A CUBIERTO

Es 15 de agosto y Ernesto Valverde aún no sabe el equipo que tendrá para intentar lograr todos los títulos, que es el objetivo que tiene el Barça a principios de cada curso. De momento, va camino de perder el primer campeonato en parte por la lenta planificación. Se fue Neymar y no hay una alternativa cerrada del nivel del paulista. Se pagaron 30 millones por un lateral derecho, Semedo, y contra el Madrid jugó Aleix Vidal los 90 minutos. Por otra parte, el técnico extremeño solicitó la incorporación de un marcador para mejorar lo presente y el club apalabró a Iñigo Martínez para descartarlo apenas cuatro días después.

JUEGO DE TRONOS

Prácticamente una decena de personas tienen voz y voto en la planificación deportiva del primer equipo. Tantos puntos de vista, sumados a la forzosa necesidad de acertar, propician bandazos sobre la marcha, como por ejemplo pagar 40 millones por Paulinho semanas después de opinar que más de 25 eran demasiados para un futbolista de sus características. El Barça quiere que la cabeza visible de todos estos procesos sea Pep Segura, nuevo mánager en detrimento de Robert Fernández, que se mantiene como secretario técnico. El mismo Pep Segura que señaló a Gerard Piqué después del 1-3 contra el Madrid.

LOS PRECIOS, POR LAS NUBES

Nunca ha sido fácil fichar para el Barcelona. Normalmente, sus objetivos siempre han sido más caros que para otros clubes con menos ingresos. Sin embargo, esta tendencia ha aumentado exponencialmente este verano después de la salida de Neymar, que dejó 222 millones de euros en la caja. Lejos de allanar el camino, esta enorme suma coloca al club azulgrana en una situación de debilidad negociadora. No en vano, Paulinho ha llegado por el importe de su cláusula, el Liverpool pide más de 100 millones por Coutinho y el Borussia Dortmund pretende ingresar 150 kilos por Ousmane Dembélé, que el verano pasado costó 10 veces menos. Si como dijo Bartomeu la salida de Ney era verosímil, tiene poco sentido que el Barça no previera una alternativa ilusionante y de primer nivel antes de que los precios se dispararan.

BARCELONISMO SUPERFICIAL

Para el Barcelona, el Clásico del domingo fue dañino por la imagen de impotencia del equipo y por el resultado, pero también por el aspecto de la grada del Camp Nou, tomada en su mayoría por turistas que pagaron un dineral por cada entrada. Las arcas culés ingresaron 10 millones de euros de una tacada, pero a cambio los jugadores tuvieron que soportar que miles de personas celebraran en su casa los goles del eterno rival. «Ha sido extraño», admitió Andrés Iniesta, siempre comedido. Que la Supercopa sea una atracción turística distancia al Barça de su masa social y corrobora una tendencia que la Junta también alimenta hinchando el precio del Seient Lliure, práctica que desveló TV3 hace unas semanas.

CALIENTA BENEDITO

La fuga de Neymar, el mal resultado en la Supercopa y la falta de cintura en el mercado de fichajes da alas a Agustí Benedito, excandidato a la presidencia que pretende poner en marcha un voto de censura contra Josep Maria Bartomeu y su Directiva. Los motivos que lo llevaron a abrir una campaña de adhesiones eran más bien institucionales, pero ahora sabe que el factor deportivo puede despertar el descontento entre más socios.

La idea de Benedito, a quien en la Junta reclamó facturas impagadas del proceso electoral de 2015, es solicitar los impresos para recopilar firmas de socios a principios de septiembre y aprovechar tres partidos en el Camp Nou para reunir las más de 16.000 que se necesitan para que prospere la moción. Ayer, consciente del clima que reina en el entorno, el excandidato apretó a través de las redes sociales. «¡No os iréis impunemente!», escribió en su Twitter en relación a Bartomeu y su cúpula. Por su parte, Laporta observa desde fuera de forma cada vez más activa.

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