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Medio Español recordó la maldición de Makanaky con Barcelona

Pocas personalidades en el mundo tienen la categoría suficiente para influir en el devenir de una sociedad. El futbolista camerunés Cyrille Makanaky es uno de ellos… aunque no por las razones que cabría esperar.

Makanaky, nacido en Douala en 1965, tiene un palmarés deportivo bastante poco llamativo, pero ello no le coartó en absoluto a la hora de convertirse en un personaje reconocido. El camerunés ganó dos veces el campeonato de liga de Ecuador, una liga de Israel y una Copa África.

En 1988, Makanaky alcanzó su cénit deportivo al marcar el gol de los leones indomables en la semifinal contra Marruecos que significó la clasificación para la final contra Nigeria. Camerún, además, ganó el partido definitivo: fue el mejor momento de la carrera de Makanaky… que, por cierto, jugó en España durante la primera parte de la década de los 90 tras pasar por varios equipos franceses.

Si el mejor momento de la carrera de Makanaky llegó con su selección nacional, el mejor momento vital de Makanaky fue en la Liga —concretamente, vistiendo los colores del CD Málaga.

Makanaky aterrizó en la capital de la Costa del Sol en 1990 con la vitola de megaestrella que tenía que devolver al club andaluz a la gloria de la Primera División; no en vano Cyrille venía de jugar un buen Mundial con su selección —los leones indomables habían derrotado ni más ni menos que a la Argentina de Maradona, por ejemplo.

Al llegar a España, Makanaky empezó firmando hasta cuatro contratos antes de debutar con el Málaga. Con estos documentos —uno oficial, uno en negro, otro con su mánager y el último con su anterior club— se aseguró cobrar mucha pasta… pero hizo que Hacienda pensara lo contrario.

Makanaky se ganó el cariño de la afición a pesar de jugar poco y mal. El camerunés no solo no ayudó a subir al equipo a la máxima categoría, sino que en su segunda temporada el club malaguista acabó en Segunda B… pero daba igual: la afición le quería de todos modos.

Te preguntarás cómo es posible que un petardo que quería ir de estrella consiguiera ganarse el respeto de los fans más acérrimos de un club histórico. Nosotros también, así que hemos investigado la historia detrás del mito… y es sensacional.

A su llegada a Málaga, Makanaky rápidamente trabó amistad con los camellos que ‘trabajaban’ alrededor del estadio de la Rosaleda. Generoso como era, el camerunés les ayudó a salir adelante comprando la hierba que vendían. Poco a poco, y como no podía ser de otra manera en una ciudad no demasiado grande, todo el mundo supo que Makanaky era aficionado a los canutos.

Al parecer, Makanaky se fumó tal cantidad de porros en su estancia en Málaga que los jóvenes que se lo encontraban en los bares o de fiesta empezaron a referirse a los canutos como ‘makanakis’. Al cabo de un tiempo el futbolista se marchó, pero su legado permanece aún entre esa generación de futboleros que ‘disfrutó’ del juego y la personalidad del camerunés entre risas y humo aromático.

La historia de este crack, sin embargo, no se acaba en el sur de España. Al irse del Málaga, Makanaky recaló en el Villarreal, donde casi ni lo recuerdan; después pasó por Tel Aviv, donde ganó una liga, y seguidamente acabó recalando en el Barcelona… de Guayaquil, en Ecuador. Allí ganó una liga en cada temporada que jugó para el equipo: estuvo en las temporadas 1994-95 y 1996-97. Entre ambas medió un corto paso por la liga francesa.

Al acabar la segunda temporada se hizo público que el Barcelona de Guayaquil le debía mucho dinero. Cuenta la leyenda que él, ni corto ni perezoso, contactó con un brujo para que maldijera el club. Makanaky asegura que es falso, pero tras su marcha, el equipo barcelonista pasó quince años de sequía de títulos.

Un poco como le ocurre a Béla Guttman en el SL Benfica —el húngaro aseguró que tras su marcha el club lisboeta no ganaría más títulos europeos… y de momento así ha sido—, la leyenda de Makanaky fue creciendo a medida que pasaban los años sin títulos para el Barcelona. Finalmente, el equipo ecuatoriano volvió a ganar la liga en 2012 y la maldición cayó.

El mito de Makanaky, sin embargo, continúa en pie a día de hoy. Damos gracias eternas al dios del fútbol por proveernos con personajes como él.

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