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Herederos de negocios: Ivonne, Marcelo y Juan Carlos quedaron al frente de Almacenes Burda tras la muerte de su padre por el coronavirus

Dicen que los recuerdos reconfortan el alma y es lo que siente Ivonne Ziadé al rememorar cuando tenía 8 años.

De la mano de su padre Marcelo Ziadé Chalela y junto a sus hermanos Marcelo y Juan Carlos iban al Almacén Burda. Allí su padre, de ascendencia libanesa, les enseñaba a doblar telas y hasta aprendieron a cortarlas.

Fue el primer contacto que tuvieron con el negocio que hoy tiene 50 años. «Éramos chiquitos y desde ahí hemos empezado a trabajar, cuando salíamos al colegio y en la universidad trabajamos con él (su padre)», asegura Ivonne.

Desde marzo pasado están enfrentando una dura realidad: la muerte de su padre a quien le diagnosticaron COVID-19. Él tenía 64 años y quienes lo conocieron de cerca, incluso clientes, lo veían como un amigo y no al dueño del negocio.

«Mi papá era un vendedor innato y un hombre sencillo, si el tenía que sacar la tela de la percha y enseñarla no tenía ningún reparo en hacerlo, atendía a los clientes y muchos decían que mi papá era un amigo», menciona Ivonne.

Su hermano Marcelo cuenta que su padre estuvo enfermo desde que inició la cuarentena y falleció diez días después. «Estuvimos paralizados más por la preocupación de mi papá», indica.

A raíz de esta partida, los hermanos Ivonne de 34 años, Marcelo de 33 años y Juan Carlos de 31 años siguen adelante con el negocio. Aseguran que no fue difícil porque ya se encargaban de varias áreas.

«Mi papa decía: Juan Carlos escoge las telas, Marcelo se encarga de la logística y tú (Ivonne) de las ventas», recuerda ella y así trabajan ahora, en equipo.

Ellos quieren honrar el nombre de su padre manteniendo su esencia en la atención al cliente y calidad del producto. Aspiran levantar el negocio en medio de la crisis.

«Siento que es una enorme responsabilidad con mi papá porque el amó y tenía pasión para trabajar, lamentablemente nos ha tocado una situación de crisis, pero ese es el reto», dice Ivonne.

Lo mismo piensa Marcelo, quien señala que no desmayarán hasta que sus bisnietos mantengan vivo el negocio y se recuerde la labor de su padre. «Mi papá más que vender le gustaba servir a las personas, así el tenía que llevar a otro almacén a comprar una tela, él se lo llevaba (al cliente)», relata.

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