Cada mes entre 2 a 26 personas denuncian acoso laboral en Ecuador, acción que puede terminar en trauma, parálisis facial y otras dolencias

“Eres soltera, no tienes hijos, (entonces) qué estás haciendo que no puedes ayudar” es la frase recurrente que escucha Mónica de 37 años cuando la llaman sus superiores en sus horas o días de descanso.

Una situación que arrastra desde antes de la pandemia y que la soporta por temor a perder su empleo o recibir represalias.

A esto se suma que no la incluyen en proyectos, ascensos o alza salarial. Su alto nivel de estrés y angustia le provoca dolores de cabeza y gastritis.

Y así se configura el acoso laboral o mobbing donde el hostigador, de manera reiterada, infunde miedo, intimidación, angustia, causa desánimo en el trabajador, lo insulta o induce a la renuncia del mismo. Llegando a consecuencias como enfermedades en el caso de Mónica o extremas como el fallecimiento.

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