Bolsonaro puede dejar Brasil con menos PIB y más paro que cuando llegó

Este fin de semana, más de 212 millones de brasileños están llamados a las urnas para decidir el futuro de su país. En esta ocasión, tienen que elegir entre propuestas tan dispares como las del actual presidente, Jair Bolsonaro, y las de quien lo fue entre 2003 y 2010, Luiz Inácio Lula da Silva.

Cuando asumió el cargo en 2019, Bolsonaro se encontró con un PIB de 1,92 billones de euros, y dejará el puesto habiendo cerrado el año pasado con 1,61 billones, según datos del Banco Mundial, un retroceso marcado por la pandemia.

El desempleo ha aumentado bajo su mandato del 11,6% al 13,2%, mientras el real brasileño se ha devaluado un 39% frente al dólar en este periodo. El principal índice bursátil, Bovespa, ha subido un 25% desde que Bolsonaro llegó al poder y un 65% desde los mínimos de la pandemia.

Así llegó en 2018

Bolsonaro ganó las elecciones celebradas en 2018 con un programa económico neoliberal que incluía, entre otros objetivos, el de acabar con el déficit presupuestario de Brasil -del 7,45%, según datos del Banco Central brasileño- antes de su tercer año en el poder, situar la inflación por debajo del 4,5% y reformar el sistema de pensiones. Su plan para financiar esta última promesa pasaba por privatizar numerosas empresas estatales, de la que sacaría unos 700.000 millones de reales (cerca de 132.476 millones de euros).

A su llegada al poder en enero de 2019, Bolsonaro se encontró una economía con un crecimiento débil tras la recesión más profunda vivida por el país en décadas. En concreto, el PIB de Brasil superó en 2018 las estimaciones del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) al crecer un 1,8%en lugar de un 1,3%. Además, la región consiguió sobrepasar por primera vez el umbral de los 7 billones de reales (unos 1,33 billones de euros al cambio actual). Sin embargo, la inflación subió ligeramente con respecto a 2017, pasando del 3,45% al 3,67%, según datos de Statista.

Escasos cinco meses después, el IBGE anunciaba que la economía de Brasil había retrocedido un 0,2% en el primer trimestre del año, lo que la situaba de nuevo al borde de la recesión técnica. La última vez que el país latinoamericano se vio en una posición así fue a finales de 2016 y no consiguió salir de ella hasta 2018. Por otro lado, la inversión de las empresas se redujo un 1,7% respecto al cuarto trimestre del año anterior.

En un intento por mejorar las malas perspectivas de crecimiento para 2019, el gobierno de Bolsonaro relajó las reglas del Fondo de Garantía para que los trabajadores pudieran retirar dinero. El objetivo era trasladar unos 42.000 millones de reales (cerca de 10.000 millones de euros) a la economía de Brasil para impulsar su crecimiento un 0,35% de cara a los siguientes 12 meses.

En octubre de ese mismo año, el presidente brasileño consiguió que el Congreso aprobará el proyecto estrella de su Gobierno: la reforma del sistema de pensiones. Entre las medidas que introdujo destacaba la imposición de la edad mínima para jubilarse, que pasó a ser de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres, siempre y cuando se haya contribuido un tiempo mínimo de entre 15 y 20 años, respectivamente. Según sus cálculos, esto permitiría a las arcas del Estado ahorrar 870.000 millones de reales (217.500 millones de dólares) en 10 años.

2020 y la pandemia

Brasil estrenó década con un crecimiento de su PIB del 1,2%, frente al 1,8% registrado el año anterior. Una situación que empeoró poco después con la llegada de la pandemia, a la que el presidente Bolsonaro respondió posicionándose en contra de las medidas de aislamiento por considerar que iban a perjudicar a la economía del país.

La postura del Gobierno brasileño le salió cara en materia de vidas humanas, llegando a convertirse en el país con más contagios y muertes por coronavirus del mundo. No obstante, sí que tuvo el efecto deseado en su economía. A diferencia de sus vecinos latinoamericanos -cuyo PIB se redujo un 10%, en el caso de Argentina, y un 6%, en el de Chile-, el valor monetario de todos los bienes finales de Brasil solo cayó un 4,1%hasta el -3,9%, y se quedó lejos del 5,3% previsto por el Fondo Monetario Internacional. Aún así, fue el peor desempeño en los últimos 25 años.

El país latinoamericano cerró 2020 con un déficit presupuestario de 18.200 millones de reales (unos 3.440 millones de euros) y un PIB de 1,47 billones de euros, según datos del Tesoro brasileño. Aunque elevada, esa cifra fue menor de lo esperada gracias al incremento de los ingresos consecuencia del alza de los impuestos. En cuanto al paro y la inflación, la primera tasa fue del 13,8%, mientras que la segunda pasó del 3,73% registrado en 2019 al 3,21%.

2021 y 2022

Tras otro año marcado por los ataques del coronavirus y los cortes en la cadena de suministros, el Congreso de los Diputados de Brasil aprobó a finales de 2021 un proyecto de ley que permitió al Ministro de Economía brasileño, Paulo Guedes, romper el pacto fiscal que garantizaba la austeridad de las cuentas públicas. Este endeudamiento estaría motivado por una razón puramente electoralista: Bolsonaro quería llegar a las elecciones de este fin de semana habiendo subido el Auxilio Brasil -la paga, antes conocida como la Bolsa Familia, que aprobó da Silva para ayudar a los hogares más pobres-, pero los presupuestos no se lo permitían.

Por su parte, los mercados financieros acogieron la ruptura con la austeridad acordada en 2017 con caídas del 2,94%, lo que en la práctica supuso el peor desempeño en 11 meses. A esto se sumó, además, la presión sobre la inflación y el Banco Central de Brasil, que podría verse obligado a subir los tipos de interés, señaló el profesor de Economía Nelson Marconi a El País.

El PIB del país creció en 2021 un 4,6% y rozó los 1,66 billones de euros, mientras que la tasa de paro se redujo hasta el 13,2%. Sin embargo, su inflación se disparó hasta el 8,3%.

En cuanto a este año, el valor de los bienes producidos en Brasil subió un 1,2% en el segundo trimestre y el Ministerio de Economía calcula que el déficit presupuestario primario alcanzará los 59.354 millones de reales (11.400 millones de euros), mientras que el techo de gasto para 2023 será de 1,7 billones de reales (326.000 millones de euros).

Entre las promesas incumplidas de Bolsonaro destaca la privatización de las empresas estatales. Pese a ser una de sus apuestas más fuertes durante las pasadas elecciones, el presidente brasileño sólo ha llevado a cabo una: la de Eletrobras, la mayor empresa de energía de Latinoamérica, en mayo de este año. Otras, como la de Petrobras, las ha dejado para su segundo mandato.

Fuente: INFOBAE

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