Biden reactiva la guerra comercial contra China y no se olvida torpedear el desarrollo de la inteligencia artificial entre sus enemigos

La Administración Biden no solo prepara una ofensiva de la guerra comercial que mantiene con China sobre sectores claves, también otra remesa de sanciones destinadas a obstaculizar el avance de la IA de China, así como de otros países como Rusia, Irán y Corea del Norte. Según ha informado Reuters, el objetivo es restringir el acceso al software avanzado utilizado en el desarrollo de aplicaciones punteras de inteligencia artificial. Para llevar a cabo este movimiento, EEUU podría monitorizar la cantidad de potencia de computación utilizada para desarrollar un modelo de IA. Llegado a un punto, el desarrollador en cuestión tendría que comunicar sus resultados al Departamento de Comercio de EEUU.

A Washington, le inquieta que nada pueda detener a los gigantes estadounidenses de la IA como Microsoft, Alphabet y Anthropic, que han desarrollado algunos de los modelos de IA de código cerrado más potentes, hasta venderlos a casi cualquier persona en el mundo sin supervisión gubernamental. Los expertos de la Casa Blanca temen que los enemigos de EEUU puedan utilizar los modelos de IA, que extraen grandes cantidades de texto e imágenes para resumir información y generar contenido, para lanzar ciberataques agresivos o incluso crear potentes armas biológicas.

Una de las bazas legales pasaría por utilizar la orden ejecutiva que se aprobó el pasado mes de octubre para limitar la expansión de la IA. Después de alcanzar cierto nivel de potencia generativa de contenido, el desarrollador debe informar sus planes de desarrollo del modelo de IA y proporcionar los resultados de las pruebas al Departamento de Comercio.

En 2018, la Administración Trump aprobó la Sección 301, el primer paquete de sanciones estadounidenses sobre productos chinos que contemplaba unas restricciones de 200.000 millones de dólares. Ello supuso el comienzo de la Guerra Comercial entre EEUU y China, en la cual el objetivo de Washington es contrarrestar las prácticas anticompetitivas de Pekín. Sin embargo, el país asiático ha conseguido sortear estas restricciones, pisando el acelerador de la producción para impulsar su crecimiento y eludir los efectos nocivos de su crisis inmobiliaria. Esta situación inquieta a la Casa Blanca, por lo que, a fin de doblegar al Gobierno de Xi Jinping y evitar las consecuencias de la superproducción china, ha decidido redirigir las sanciones impuestas por Trump para que sean más selectivas y obstaculicen sectores económicos clave de China.

Washington ha decidido cambiar de táctica. Las sanciones no están dañando a China como se esperaba: su economía sigue creciendo, sus coches eléctricos continúan inundando el mundo y su desarrollo tecnológico sigue avanzando, como lo demuestra el lanzamiento del Mate 60 Pro de Huawei con su chip de 7 nanómetros. Por todo ello, la Casa Blanca comunicará el próximo martes 14 de mayo el resultado de la revisión de la Sección 301 establecida por Trump, en la cual está previsto que Washington eleve la cuantía de las sanciones del ex-presidente republicano, modificando su carácter general para redireccionarlas hacia objetivos más específicos. En este sentido, EEUU quiere golpear con más precisión sectores económicos clave de China, como la industria de los coches eléctricos, así como la fabricación de baterías y paneles solares.

Por otro lado, todavía se desconocen tanto los ámbitos económicos concretos que se verán afectados como los que se verán beneficiados. Sin embargo, parece que a la Administración Biden no se le escapa que, en materia de transición energética, China está mejorando sus prestaciones. Si bien es el país más contaminante del mundo, es también el que más invierte en tecnología verde. Además, domina los procesamientos intermedios de los minerales críticos necesarios para dicha tecnología, y su cuota global en el mercado de paneles solares y de coches eléctricos supera el 80% y el 60% respectivamente.

Es probable que estas cuestiones hayan decantado el debate interno en la Casa Blanca sobre si endurecer las sanciones contra China. En este contexto, Bloomberg señala que Janet Yellen, secretaria del Tesoro, sostuvo una posición más diplomática, inclinándose por una disminución de las tasas sobre los productos domésticos chinos, lo cual contribuiría a reducir la inflación en EEUU. El movimiento de EEUU ha suscitado las críticas de China, cuyo ministro de exteriores ha señalado que “incrementar las tarifas es empeorar el agravio”.

Así las cosas, Washington ha optado por seguir la línea marcada el pasado 17 de abril, cuando la Administración Biden hizo un llamamiento por triplicar las tasas sobre las importaciones de acero y aluminio originarios de China, del 7,5% actual al 22,5%. Ello equivaldría a unas tasas superiores a los 1.000 millones de dólares. La respuesta del país asiático fue inmediata: China decidió incrementar las sanciones al ácido propiónico, utilizado para elaborar herbicidas, productos farmacéuticos y conservantes. Concretamente, Pekín aumentó la tasa de importación al 43,5%. Por ello, es probable que el gigante asiático no tarde en mover ficha en cuanto EEUU ejecute el endurecimiento de las sanciones contra China.

Fuente: Revista El Economista

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