Asamblea de Religiones por la Paz en Lindau: más responsabilidad y autocrítica

La religión también es, a menudo, parte de la agenda política. Y hace tiempo que hay una lucha por ganar importancia, así como un forcejeo por el predominio político en el área de las religiones. Y también por el predominio religioso en la política. Muchas de las iglesias neopentecostales, económicamente poderosas, fueron las que empujaron al poder en Brasil a Bolsonaro, el destructor del medio ambiente, o las que a menudo rezan por Trump. Para ellas, el papa Francisco, tan revolucionario como conservador, es una piedra en el zapato.

Congreso paralelo en Sri Lanka

Siempre en escena está también el wahabismo saudí, que alimenta el fundamentalismo y, al mismo tiempo, apuesta al diálogo. Paralelamente a la reunión de los líderes religiosos en Lindau, en Sri Lanka se llevó a cabo una conferencia por la paz, la armonía y la coexistencia pacífica, cuyo principal protagonista fue el secretario general de la Liga Mundial Islámica, Mohammad Alissa. Alissa es una de las mentes brillantes de la cúpula saudí y donó cinco millones de euros a los sobrevivientes y familiares de las víctimas de los atentados islamistas de Pascuas en Sri Lanka. Si el predominio religioso se dejara en manos de los apóstoles de Bolsonaro o de los saudíes de bosillos repletos, se puede encender una vela por Khashoggi y olvidarse de los valores. De hecho, el islam sunita y Sri Lanka enviaron pocos representantes a Lindau.

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Discusiones sobre Cachemira, Bosnia-Herzegovina y Myanmar

“Religiones por la Paz” es una organización no gubernamental que desde hace 49 años se ocupa de conflictos políticos en círculos pequeños. En Lindau hubo momentos complicados, como cuando los delegados de Cachemira abandonaron la reunión a puertas cerradas con hindúes de la India, que alabaron por todo lo alto la democracia y la libertad de expresión en una India que se vuelve cada vez más nacionalista. En otras reuniones se pudo comprobar otra vez cuán profunda es la grieta en Bosnia-Herzegovina, aún después de 25 años de paz.

Y luego está Myanmar, con la crisis de los rohinyá. Representantes de diversas religiones em Myanmar y Bangladesh, también budistas y musulmanes, formularon expectativas bien concretas, así como pedidos al Gobierno en Rangún, para poder terminar con la crisis de manera perdurable.

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