Francisco Swett: El laberinto de la actividad financiera

La actividad financiera tiene que ver con el origen y usos del capital financiero por parte de los agentes de mercado a través de las instituciones que intermedian y manejan tales actividades, dentro de un marco regulatorio que regla las normas del intercambio. Existe un problema de multipolaridad y fraccionamiento en la supervisión del sector toda vez que la legislación monetaria vigente es un monumento al populismo económico del SSXXI que busca preservar al Banco Central como un banco de emisión, ha creado una ficción denominada la Economía Popular y Solidaria, y erigido una Junta de Política Monetaria y Financiera que no tiene razón de ser. La Superintendencia de Bancos opera con severas limitaciones, incluyendo las económicas, pues el Ministerio de Finanzas malbarata dos terceras partes de los recursos que, por ley y como consecuencia de su origen preasignado, son de propiedad de dicha institución, nominalmente autónoma.

Al Banco Central el gobierno debe reintegrarle, en valores líquidos, la totalidad de los depósitos y fondos que el gobierno de Correa le sustrajo. La institución debe asumir el rol que le corresponde, exclusivamente, como agente fiscal y financiero del Estado. No es admisible que haga política monetaria, sea mediante operaciones de mercado con plata ajena o fijando niveles del encaje bancario. Debe estar gobernado por un directorio sin capacidad para fijar tasas de interés o direccionar el crédito. Las operaciones de Tesorería del fisco deben ser canalizadas a través del Central y los títulos ofertados a través de las bolsas. El intercambio financiero entre los bancos e instituciones financieras debe tener como objetivo la creación de la “mesa de dinero”, que es el instrumento que permitirá la formación de los mercados de capital a través de la determinación de las tasas de interés que respondan a las condiciones de oferta y demanda, de acuerdo a las preferencias de tiempo, percepción de riesgos, y condiciones internas y externas de la economía.

La Superintendencia de Bancos (SB) es el regulador de todo el sistema, incluyendo la supervisión de los seguros y de un renovado régimen previsional que esté desvinculado del manoseo político del gobierno de turno. Debe regir sobre los mercados de valores, instituciones donde nada tiene que ver la Superintendencia de Compañías. No puede haber bifurcación regulatoria entre los bancos y las cooperativas, pues estas tienen a su haber una tercera parte de los activos de los bancos y no pueden vivir en un universo aparte en el cual las regulaciones son laxas, el acceso es indiscriminado y los riesgos del crédito no son apropiadamente evaluados. El Banco Central y los intermediarios financieros del sector público deben ser controlados por la SB y por la Contraloría en lo que se refiere al control de los dineros públicos. Las actividades informales e ilícitas deben ser reprimidas a través de los controles establecidos por la Fiscalía y juzgados por jueces que, para variar, entiendan de finanzas y economía.

Si la regulación continúa dispersa seguiremos amenazados por riesgos sistémicos originados en cualesquiera de los ámbitos que conforman la actividad financiera.

Fuente: Expreso