Francisco Swett: ¡Cumplir la palabra!

En el combate a la corrupción su palabra está empeñada presidente y Ud. es el testigo de cargo de su cumplimiento. Sin ambigüedad alguna, Ud. expresó que era necesario darse un “baño de verdad completo” y comprometió una postura de “cero tolerancia a la corrupción y cero impunidad” ante el expolio que el desalmado gobierno que le precedió ocasionó sobre la República. Pero, ¿fue todo producto de un momento de frenesí? Adentrándonos en el ocaso de su gobierno, Ud. está en deuda con los ecuatorianos y su palabra aún está por cumplirse. Haber creado una supuesta comisión para que labore 90 días que ya se cumplieron es una tomadura de pelo, o, para usar una frase apropiada: “una venta de humo”. Ud. citó los principios que gobiernan la Convención de las Naciones Unidas sobre la Lucha contra la Corrupción, y, específicamente, tuvo en mente la organización de una comisión similar a la Cicig en Guatemala, comisión que ha laborado casi 14 años y a través de cuya acción terminaron en prisión una vicepresidente y dos presidentes. Entonces, presidente, cabe preguntarle: ¿qué pasó desde ese entonces para que nada pase? Las malas lenguas dicen que su efusivo pronunciamiento se esfumó cuando empezó a escuchar los consejos de los malandros que por razones muy personales no están dispuestos a correr el riesgo de perder su impunidad.

Los ecuatorianos no hemos olvidado. Hoy en día las evidencias quedan filmadas, las palabras y los gestos permanecen, y la historia no es especulativa o interpretativa. Ud. pudo terminar con la bochornosa venta de la bandera en el caso Assange. ¿Qué le impide a Ud. actuar de acuerdo a su palabra en el tema de la corrupción? ¿Por qué es renuente a dar el golpe de timón requerido para poner en jaque a la impunidad?

Para combatir el crimen organizado se requiere el concurso de gente calificada, vinculada al mundo internacional, incólume, profesional y motivada, que sepa de leyes, de tecnología, de rastreo de dineros y de contabilidad y auditoría. En el caso de Guatemala los recursos económicos requeridos para financiar tal equipo humano y sus instrumentos de pesquisa lo pusieron países donantes. Acá ni siquiera se requiere ese apoyo monetario pues bien podría alojarlos, por ejemplo, en el edificio de Unasur, donde se malgastaron recursos de los contribuyentes. Se requiere reformar las leyes y expedir las que fueren necesarias para cortar la cabeza de la culebra de la corrupción, y será el Legislativo ecuatoriano el que deberá apoyar los cambios que permitan reforzar el trabajo de la vindicta pública. Serán leyes ecuatorianas, con actores ecuatorianos, los instrumentos y personajes llamados a cambiar la mentalidad y cultura de corrupción sembradas por el SSXXI.

Prepárese para oír y sentir la resonancia generada por la indignación nacional que late contra los malhechores, los cómplices y los encubridores del mayor despojo habido contra la nación ecuatoriana. Sepa que el país no podrá salir de su entrampamiento económico si continúa la impunidad y que el perjuicio de la corrupción es inconmensurablemente más alto que el daño económico directo. Póngase del lado de la gente. Olvídese de cualquier querencia pasada o presente. Tenga convicción y honre la palabra empeñada.

Fuente: EXPRESO