Un nuevo 9 de Octubre

El de 1820 sirvió para liberarnos de la monarquía española. El del 2020 debe ser para liberarnos del centralismo de Quito.

La importancia del bicentenario tiene más implicaciones que recordar nuestra historia. Se trata de hacer realidad el pensamiento de Olmedo, quien en el primer artículo del Reglamento Provisorio escribió que Guayaquil era libre e independiente; es decir, no tenía que consultar con ninguna otra región de Ecuador lo que más le convenía, ni depender de terceros para enrumbar su futuro. Rocafuerte fue más allá y escribió numerosos libros sobre el republicanismo liberal y sin poderlo confirmar, debió ser tutor de Olmedo en ese campo. Lástima que por muchas causas hasta la actualidad Guayaquil no ha podido materializar el sueño de Olmedo y Rocafuerte. Pocas décadas atrás no existían oficinas ministeriales en Guayaquil y en todo trámite de registro de marcas y patentes había que viajar a la capital. La mayoría de las matrices de las multinacionales estaban en Guayaquil, por ser la de mayor actividad económica, pero por el centralismo fueron cambiando de domicilio. Hoy también están las empresas petroleras. Ellas tributan allá, pero de un ingreso cuya mayoría no es generada en Quito.

Por genes, los guayaquileños han sido pioneros en servicios sociales, no comenzó con la fundación de la Sociedad Filantrópica del Guayas, como muchos creen, va más atrás, desde la Colonia. Con la administración de la RC algunas fundaciones (ONG) fueron obligadas a cerrar. La colega Marcia Gilbert de Babra analizó el tema en su columna. Las infames competencias centralizadas fueron destruyendo lo que Guayaquil había creado. Invitado por el Comité Los Ceibos, Juan José Illingworth N. proporcionó información sobre las enormes diferencias que hay a favor de Pichincha en educación, salud, obras públicas, etc. La centralización se extendió como cáncer al tránsito, puertos, etc.

Guayaquil debe despertar, sus líderes y diputados deben encontrar la forma de hacer de Ecuador un país federal. Y así enterrar el centralismo que ha sido tan perjudicial para Guayaquil y demás ciudades.

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