Francisco Swett: La cacería del diploma

El valor de la educación es susceptible de ser analizado desde la perspectiva económica pues existe una fuerte correlación entre los años de escolaridad y la expectativa de ingresos a lo largo de la vida productiva del individuo. Dicho de otra forma, mientras más lejos se llega en la universidad, ‘ceteris paribus’, mejores ingresos se obtienen como consecuencia del “valor de escasez” de las habilidades y conocimientos que acreditan la condición de un profesional. Correlación, sin embargo, no es lo mismo que causalidad. No son los cartones y diplomas los que otorgan o certifican conocimiento. La educación rigurosa identifica a la persona formada como a un individuo (de cualquier sexo) que es analítico y razona críticamente, fue capaz de interactuar con los maestros y compañeros, sabe investigar y crear nuevo conocimiento, es deseado por los empleadores y respetado en su medio, es autónomo al momento de ejecutar una tarea, sabe acceder a la información y la puede interpretar y procesar, y tiene la capacidad para distinguir entre lo que vale y lo que es basura.

Esta experiencia educativa no es la norma sino más bien la excepción en la universidad ecuatoriana. El mercado educativo no se caracteriza por la rigurosidad académica, la originalidad en la investigación y el respeto a la autonomía de las instituciones universitarias.

El desarrollo de la internet dio paso a la formulación de nuevos paradigmas en los procesos educativos. Permitió la transmisión de conocimientos relevantes a través de la red pero también dio paso a la devaluación de la experiencia educativa. El ingreso indiscriminado de universidades extranjeras a distancia dedicadas a la venta de diplomas constituye una falla de un aparato regulatorio cuya respuesta es ambigua e inadecuada. Si este libertinaje se coteja con la hiperregulación de las instituciones locales el resultado es desalentador, pues no solo bajan los estándares académicos sino que se promueve, ahí sí, un esquema de competencia desleal que va en detrimento de la universidad ecuatoriana. Los diplomas pueden tener el mismo nombre, Maestría o PhD, pero ello no otorga equivalencia de conocimientos o calificación profesional a quienes ostentan tales títulos.

La universidad es, además, presa del centralismo y del populismo socialista. Es absurda la pretensión de imponer uniformidad a instituciones que por definición son altamente individuales, con diferentes vocaciones, estructuras de costos y economías que van desde la total a la ninguna dependencia en emolumentos estatales. La educación es una actividad demasiado importante como para delegarle su control exclusivo a burócratas ideologizados. Es peor la circunstancia cuando se tiene que confrontar la demagogia de una conspicua asambleísta del SSXXI, quien con argumentos torpes pretende poner control de precios a la educación privada en el nivel de posgrado, como si se tratara de expendio de medicamentos de la misma composición.

Con estas políticas y con las intromisiones perversas en la vida de las instituciones de educación superior no deja de ser una tarea heroica pero frustrante aquella de formar correctamente a los futuros cuadros directivos de la sociedad.

Fuente: EXPRESO