La Venta de la Bandera II

Fue hace un año cuando, refiriéndome al otorgamiento de la nacionalidad ecuatoriana al australiano Julian Assange, argumenté que se había “vendido la bandera” en un episodio vergonzoso de otorgamiento de la ciudadanía ecuatoriana a quien no lo merece, y como consecuencia de ello, de habernos metido en un embrollo de proporciones planetarias entre Estados Unidos y la Federación Rusa, países ambos con los cuales tenemos intereses estratégicos y comerciales, y respecto de los cuales la buena política aconseja tener posiciones equidistantes.

Entorno al rol de la entonces canciller, hoy presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, expresé que la señora evidenció falta de criterio, irrespeto a los ecuatorianos y violación a la ley, reiterando hoy, una vez más, que es indigna de representar al gobierno. En el año transcurrido hemos continuado soportando la intromisión de un extranjero en la política externa del Ecuador, nos hemos enterado de que el presidente se reunió con el Sr. Manafort (antiguo jefe de campaña del entonces candidato Donald Trump), quien vino a ofrecer intermediar ante los chinos y americanos para supuestamente lograr, del uno, la compra del sistema eléctrico nacional, y del otro la remisión de deudas (no se sabe cuáles). En los diálogos entre Moreno y el comisionista americano, el presidente habría traído a colación el tema de Assange e indicado que se trataba de una “piedra en el zapato” y que era menester que el extranjero ocupe su lugar. Entretanto se le ha permitido al sujeto que demande al Estado por rehusar comprarle comida para su gato, y el periódico Manchester Guardian del Reino Unido, tomando como origen de la noticia informes de la Senain, publicó que Manafort y Assange se habían reunido por varias ocasiones en la sede de la embajada ecuatoriana en Londres. Cabe preguntar, ¿por qué el Ecuador sigue siendo protagonista de esta peligrosa farsa?.

La señora canciller estaba enfilada en su propósito de presidir sobre la Asamblea y el gobernante, a la postre, tenía poderosas razones para que saliera de la Cancillería. No obstante ello, las noticias más recientes revelan que su interés es ahora el de ocupar la Secretaría General de la OEA. No causa sorpresa el pedido, pero debe quedar claro que el continente está saliendo del marasmo de los gobiernos disfuncionales y corruptos del SSXXI y que el país está, aun cuando lentamente, volviendo a ser parte del mundo civilizado. En ese mundo no hay espacio para los Maduros, los Correa, los Castro, los Ortegas, los Lulas y las Kirchner y lo que ellos representan. Ecuador no puede seguir protagonizando episodios vergonzosos que atentan contra el pudor nacional, y es de esperar que la respuesta haya sido: ¡de ninguna manera!

Ecuador debe cerrar el capítulo Assange. La nacionalidad del extranjero debe ser removida. Que enfrente la justicia y se defienda como corresponde. En cuanto a los vestigios del correato, hay que parar el culipandeo, los responsables deben ser juzgados y lograr que se retorne el dinero de los ecuatorianos. Que el gobierno termine de una vez por todas con la alcahuetería y el desprestigio que la conducción de su política internacional nos han causado por más de una década.