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Guillermo Arosemena: Longevidad en las empresas

El haber escrito un artículo para Memorias Porteñas sobre los 80 años de una empresa, hace que la comente. Este tema lo he estudiado desde que escribí la historia del Banco de Descuento en 1986. En países prósperos se lo analiza frecuentemente para sacar lecciones; hay permanentes estudios, como el que mencionaré más adelante. Ecuador, carente de estadísticas no tradicionales, no tiene investigaciones sobre la longevidad y debería haberlo desde que la Superintendencia de Compañías, en 1992, publicó por primera vez las 1.000 empresas más importantes de Ecuador. Si ya existe la materia prima, las unidades de investigación de las universidades deberían tomar la iniciativa. Estudiando el mencionado ranquin, se nota que, en 26 años, más de 25 empresas de las 100 más grandes han desaparecido, cambiado de razón social o han sido vendidas. Según mis cálculos, el promedio de vida de las empresas ecuatorianas es de alrededor de 35 años. En el siglo XIX se constituyeron aproximadamente 5.000 compañías. Un siglo después eran muy pocas las que tenían cien años. De todos los bancos constituidos a partir de 1860, solo cuatro funcionaban en 1900. En el área de exportación, de los 20 exportadores de cacao que exportaban al iniciar el siglo XX, a 1940 no había más de 5. Hay sectores cuya vida es más corta que en otros, por diversas causas. Con el pasar de los decenios, se desconoce si las empresas van acortando o aumentando su duración.

Un estudio publicado este año (https://www.innosight.com/insight/creative-destruction/) arroja resultados sorprendentes para la mentalidad del ecuatoriano. A 1964, en Estados Unidos la vida de las 500 compañías más grandes era 33 años, en 2016 cayó a 24 y se calculan 12 para 2027. En un mercado dinámico, la competencia hace que el plazo de obsolescencia caiga y la producción de nuevos productos o servicios aumenten. Hay que recordar lo que le sucedió a Nokia: tenía el 30 % del mercado mundial de celulares, hoy es un recuerdo de una empresa que se durmió. La rata de la destrucción creativa irá en aumento para beneficio del consumidor, pero podría crear desempleo.

Fuente: EXPRESO

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