Si no lo harías en la vida real, no lo hagas en tus redes sociales

Aun con las mejores intenciones, tú y tu pareja probablemente se lastimarán el uno al otro con alguna de sus conductas en línea.

Como terapeuta sexual, nunca imaginé que pasaría tanto tiempo hablando sobre Instagram, Facebook, Twitter y Snapchat.

Pero varias de mis sesiones están llenas de historias acerca de las maneras en las que las redes sociales interfieren con las relaciones de mis clientes: cosas como espiar en la cuenta de Facebook y después sufrir sobre qué hacer con la actividad sospechosa, pero no totalmente incriminatoria; o terminar una nueva y prometedora relación porque la persona comenzó a seguir a sus exparejas en Instagram. (Participe en nuestra convocatoria “Historias de la vida digital y cuéntenos cómo la tecnología está redefiniendo la forma en que nos relacionamos).

Jordan Gray, un asesor en sexo y relaciones de pareja, también enfrenta ese tipo de retos al realizar su labor.

“Es tan difícil porque es poco lo que sabemos”, afirmó. “Las cuentas en redes sociales nunca habían tenido este nivel de saturación de mercado. Eso inevitablemente generará nuevos retos para las personas”.

En una encuesta de 2014 del Pew Research Center, 45 por ciento de los milenials participantes dijeron que sus cuentas de redes sociales habían tenido un “gran impacto” en sus relaciones.

A la mayoría de nosotros nos incomoda hablar sobre ese tipo de interacciones porque nos preocupamos de que las redes sociales sean demasiado frívolas para discutir sobre ellas, pero es importante reconocer que estas generan sentimientos reales y que esos sentimientos importan.

Aun así, fijar límites en las redes sociales no tiene que ser la lucha colosal en la que a veces la convertimos.

La pelea más común relacionada con las redes sociales según mis pacientes es la cantidad de tiempo que sus parejas pasan en Facebook o Instagram. Escucho historia tras historia de parejas que planean una noche de cita romántica que se convierte en una conversación sobre los corazones en Instagram, los favoritos en Twitter y las vistas en Snapchat.

El comportamiento se extiende a la habitación: los pacientes me han contado historias de ocasiones en que su pareja ha revisado sus redes sociales a mitad del coito.

“El cigarrillo y el abrazo después del sexo ha sido rápidamente remplazado por un vistazo a las redes sociales”, dijo Gillian McCallum, director ejecutivo de Drawing Down the Moon Matchmaking, un sitio de citas británico. “Los hombres y las mujeres son culpables de usar su teléfono para deleitarse con el brillo de su pantalla en vez del resplandor posterior a hacer el amor”.

Siempre debes hacer que tu pareja se sienta más importante que tu teléfono, así que dediquen por lo menos 20 minutos diarios a disfrutar de tiempo juntos sin clavarse en una pantalla (no sirve ver televisión mientras se usa Facebook).

Por supuesto, pasar más tiempo sin redes sociales es mejor, si puedes soportarlo. Te podría gustar realizar todas tus comidas sin el teléfono (o al menos tenerlo en modo avión o silenciado). O intenten apagar las notificaciones cuando estén juntos.

Tu pareja siempre debe ser la prioridad. Eso es especialmente importante cuando se trata de compartir fotos de ambos o detalles de sus citas o de su vida juntos. Generalmente, en las relaciones de pareja, una persona es más reservada que la otra, se trata de una diferencia que puede desencadenar peleas.

Laurie Davis Edwards, fundadora del sitio de citas eFlirt, dijo que las conversaciones honestas sobre los límites de las redes sociales al principio de la relación pueden prevenir sorpresas en el futuro. Pregúntale a tu pareja qué le gusta y qué no le gusta compartir en redes sociales. Esto es de suma importancia en grandes acontecimientos, por ejemplo, cuando “oficialicen” su relación, cuando se comprometan, cuando haya un embarazo, entre otros.

Una regla fácil de cumplir: pregúntale a tu pareja antes de compartir cualquier cosa sobre tu relación. Preguntas sencillas como: “¿Estás de acuerdo en que publique esta foto de nosotros en nuestra cita de anoche?”, pueden ser de gran ayuda para evitar peleas. Cuando no llegan a un acuerdo, Gray sugiere que es preferible equivocarse al elegir “la opinión del integrante de la pareja que es más reservado”.

Si sientes que compartes demasiado, McCallum advierte: “La cantidad de fotografías de tu relación que publicas en Facebook no indica el éxito o la calidez de la relación”, dijo. “Aun en este periodo de enorme uso de las redes sociales, las parejas muy sólidas, fuertes y felices frecuentemente eligen no exhibir su relación en Facebook”.

En el mundo real, los límites que debemos respetar cuando estamos en una relación son obvios. Pero las redes sociales pueden hacer confusa esa línea, lo cual puede llevar a las personas a hacer o decir cosas que no harían en redes sociales. Por ejemplo, comentar “Qué bonito” en la más reciente foto en traje de baño de tu ex publicada en Instagram parecer ser menos grave que decírselo en persona, pero puede que no se entienda de esa manera.

Usa los límites de la vida real como tu guía digital. Imagina que tu comportamiento en redes sociales ocurre en persona, con tu pareja a tu lado. ¿Harías ese comentario o enviarías el mensaje mientras tu pareja te observa? Si no lo harías en la vida real, no lo hagas en línea.

Las redes sociales también facilitan que revises la conducta de tu pareja. Ya no es necesario que te pongas una gabardina, un bigote falso y gafas de sol para seguir a tu pareja por la ciudad. Simplemente puedes tomar su teléfono cuando esté en la ducha. Y hay mucho por descubrir; por alguna razón, la mayoría de nosotros piensa que nuestra actividad en línea es privada, pero es sorprendentemente fácil encontrar un tesoro de información.

Algunas personas insisten en intercambiar códigos para ingresar a los teléfonos antes de comenzar una relación formal, o se rehúsan a salir con alguien que no comparte sus contraseñas como “prueba” de su fidelidad. Es fácil sentirse con derecho a ver los correos electrónicos, mensajes de texto y mensajes directos de tu pareja, si asumimos que te dé el permiso si no tiene nada que ocultar. A pesar de lo tentador que puede ser, espiar nunca es una buena idea, ni en el mundo real ni en línea.

“Si sientes la necesidad de revisar el comportamiento en línea de tu pareja, es porque hay una conversación más importante que deben realizar sobre la falta de confianza en su relación o tus sentimientos de confianza en general”, dijo Gray. Si la necesidad de seguir cada uno de los movimientos de tu pareja es muy grande, probablemente algo más está pasando; resolverlo será de mayor ayuda que dedicarte a espiar.

Podrían considerar simplemente no seguirse en redes sociales. Tengo dos amigos que son pareja: al hombre le gusta escribir en Twitter; su novia prefiere Instagram. Ellos no se siguen a propósito; confían mutuamente en que la otra persona no hará nada inapropiado y les gusta sentir que no son “supervisados” por su pareja. Es un buen recordatorio de que tus vidas en redes sociales no tienen que desarrollarse de la misma manera que tu vida real. Un poco de distancia siempre es saludable, en el mundo real y en el virtual.

Aun si inocentemente encuentras actividad que parece sospechosa, trata de recordar que el tono y la intención son más difíciles de medir en línea.

La mayoría de nosotros llegamos a conclusiones con una cantidad limitada de información. “Esto es lo que llamo síndrome de la narrativa: cuando sacas conclusiones para descifrar qué está pasando sin conocimiento de primera mano”, dijo Edwards. “El síndrome de la narrativa usualmente escala y antes de que te des cuenta, estás convencido de que te está engañando con base en solo un comentario en la publicación de alguien”.

Pregúntale a tu pareja sobre su intención antes de asumir algo. Por ejemplo: “Oye, vi que ahora eres amigo en Facebook de esa chica con la que me dijiste que salías antes de que nos conociéramos. ¿Cómo ocurrió eso?”.

Aun con las mejores intenciones, tú y tu pareja probablemente se lastimarán el uno al otro con alguna de sus conductas en línea. Lo mejor es hablar inmediatamente para resolver esos episodios y analizar caso por caso. Resuélvanlos de manera directa antes de que se desarrolle un patrón o antes de que se gesten sentimientos negativos.

Gray sugiere primero tomarse el tiempo para descifrar por qué el enojo, en vez de enfocarte en el comportamiento. ¿Cuál es el asunto subyacente? Nuestras emociones pueden darnos mucha información si se lo permitimos.

Entonces, habla con tu pareja y enfóquense en el porqué, en vez de la acción específica. Permite a tu pareja conocer cuál es el verdadero problema y qué necesitas de su parte. Por ejemplo, podrías decirle: “Oye, quiero que sepas que me incomoda ver que todavía tienes fotos románticas de ti y tu ex en tu cuenta de Facebook. Me preocupa que todavía no lo hayas superado por completo. ¿Crees que podrías borrarlas?”.

Sí, es frustrante reconocer el profundo impacto que las redes sociales pueden tener en nosotros y en nuestras relaciones. Pero recuerda, aun Snapchat puede iniciar conversaciones importantes para la pareja.

Vanessa Marin es una psicoterapeuta especializada en terapia sexual.

2017 New York Times News Service​

Fuente: El Espectador.