Los virus informáticos del futuro podrán encerrarte en casa

El ransomware, los programas malintencionados que bloquean el acceso a archivos, son una forma de ciberataque que está muy moda. Esto se debe, en parte, al negocio millonario que se ha montado tras ellos.

Durante 2015, en EEUU hubo unas 2.500 denuncias y se movieron más de 24 millones de dólares en cuestiones relacionadas con estos virus. Por este motivo, cada vez más empresas de seguridad y de protección de datos trabajan para evitar nuevos casos.

Según Panda Security, los programas de ransomware que aparezcan durante los próximos años podrán secuestrar y bloquear el acceso a sistemas operativos de todo tipo, desde el ordenador y el móvil hasta coches , como los Tesla; o los hogares inteligentes.

“En pocos años, su inteligencia artificial habrá evolucionado tanto que podrán autoprotegerse, evitando el acceso al sistema operativo. Para colmo, usarán unos sistemas de encriptación tan sofisticados que casi nadie podrá descifrar”, señala Hervé Lambert, Retail product manager en Panda Security.

Hay varios ejemplos recientes que apuntan en esta dirección. Por ejemplo, hay hackers que ya han podido acceder al sistema operativo de los Tesla y conducirlos a distancia. Del mismo modo, otros ciberdelincuentes han podido colarse en los dispositivos para hogares inteligentes de Samsung y bloquear puertas o hacer saltar alarmas de incendio.

El contagio de ‘ransomware’ se produce casi siempre online. En un principio, se movían mediante correos electrónicas que adjuntaban archivos malintencionados; pero actualmente es posible pillar un virus con anuncios maliciosos. Durante la semana pasada, esto afectó a Spotify, que tenía anuncios que instalaban software sin permiso y con la intención de dañar a los usuarios.

Evitar mails sospechosos de redes sociales o aplicaciones como WhatsApp es la mejor recomendación posible, así como estar al tanto de lo que hacen aquellos menos puestos en tecnología, como personas mayores, o quienes la utilizan más a menudo y corren el riesgo de confiarse, como adolescentes.

EL MUNDO