Armonía y contemplación reinan en el “Caos invisible” de pintor ecuatoriano

Quito.- Al pintor ecuatoriano Jaime Zapata le preocupa todo: el terrorismo, la pobreza, los vaivenes políticos, las confusiones ideológicas, unas realidades que le mantienen en un desasosiego que, paradójicamente, ha desembocado en un derroche de armonía y contemplación en su muestra “El caos invisible”.

Ahí expone la pintura de un niño dormido en un lado de una gran cama, inspirando ternura y evocando la inocencia infantil, una estampa de tranquilidad que se ve perturbada al contemplar a su costado una almohada vacía y la continuación de la manta que lo cubre, desarreglada, marcando el recuerdo de que alguien estuvo ahí.

“El primer cuadro de esta imagen la hice con mi hijo (como modelo)”, confiesa en entrevista con Efe el pintor de historias propias, que recuerda el dolor de cada separación tras las visitas de su pequeño, que vivía en Montpellier (Francia) mientras el artista residía en París.

A Francia llegó hace treinta años pero regresa a Ecuador con regularidad para exponer su arte y esta vez, en la Alianza Francesa de la capital ecuatoriana, exhibe una treintena de oleos en los que se ha refugiado para soslayar sus preocupaciones.

Aunque sus obras devuelven al espectador mensajes de serenidad, Zapata subraya que vive “en permanente preocupación, desasosiego” pues le preocupa “todo”, como el futuro de sus hijos y nietos.

Por ello confiesa que su polo a tierra ante tanto tormento es la pintura: “Uno anda buscando como de qué agarrarse para ser feliz”, comenta rodeado de lienzos de figuras femeninas de cuerpo entero o de medio cuerpo de vivos colores y un magistral manejo de los detalles y la luz.

De sesenta años y padre de tres hijos -la mayor de 37 y el menor de 13 años-, Zapata, quien también combate con baile sus angustias, cree que al ver sus obras, los espectadores sienten que su pintura es “completamente sensorial, que hay una entrega total física y química” en lo hace.

Especializado en escultura en la Universidad Central de Ecuador, Zapata apuesta por “la vieja academia, que son los talleres con un artista que trabaja junto con los estudiantes”, pero considera también indispensable absorber la cultura con visitas a museos y exposiciones.

Zapata ha transitado siempre por la rama de la pintura figurativa pero tiene pendiente entrar en el arte abstracto, una puerta que no ha golpeado por falta de tranquilidad, reconoce quien también ha expuesto en Francia, España, Estados Unidos, México y Chile.

De sus inicios en el arte, a los 18 años, recuerda la influencia de maestros del indigenismo mexicano y de ciertos pintores ecuatorianos, mientras que ahora, también con la facilidad del internet, el abanico de referentes se ha ampliado, apunta.

Y aunque dice respetar todos los movimientos artísticos, Zapata asegura que sigue “con los viejos artistas, todos los pintores de la luz, los pintores impresionistas”.

“Estoy más en el lado del campo, de la luz, de salir, de estar confrontado un poco con la dificultad de ir, de llevar el caballete, de ponerse a pintar afuera, de estar en la playa pintando”, anota quien cree que el arte también tiene que estar afuera, en contacto con la gente.

Zapata, que sostiene que no tiene “ninguna pretensión ni de enseñar ni cambiar nada” con su trabajo, asegura que el arte provoca un enfrentamiento a los problemas, así como a su resolución.

Con su nueva exposición, que se extenderá hasta el 29 de junio, plantea la interrogante del caos, que se torna visible solo a través de la conciencia.

“La obra es el ejercicio contrario del caos. El ejercicio de detenerse a ordenar, a pensar, a gozar un poco del tiempo propio, de estar con los demás, de estar en un lugar”, reflexiona el artista que se alegra de la sorpresa reflejada en el rostro del público al ver tanto equilibrio arropado bajo el nombre de “caos invisible”.

Ello porque pese al tormento de sus constantes preocupaciones, se declara un amante de la vida: “Creo todavía en lo bello, creo en el amor, en la solidaridad”, sostiene. EFE

Foto portada: El Telégrafo

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