Más que una película: King Kong o la evolución de los efectos especiales en el cine

Muchas de las superproducciones de Hollywood de los últimos años han estado faltas de ideas. De ahí que haya tantos remakes y continuaciones de sagas que triunfaron hace décadas, como garantía del éxito en la taquilla. El último ejemplo es Kong: la Isla Calavera, que se estrena este viernes en España.

Si bien el argumento no es nuevo, hay algo que habla de los nuevos tiempos en el cine: los efectos especiales de última generación. Del stop motion al (no siempre fiable) CGI, pasando por los disfraces, el rey de los primates ha sido testigo de la evolución de las distintas técnicas de animación.

‘King Kong’ (1933)

El primer y primitivo King Kong fue el del aviador y pionero cinematográfico Merian C. Cooper y de Ernest B. Schoedsack de 1933, con el sello de la productora RKO. Aquella cinta, que narraba el viaje del equipo de rodaje de una película a la isla gobernada por un gran primate, su aventura en la isla y el regreso a Nueva York, mostraba a un monstruo de 16 metros creado con stop-motion, una técnica que ya surgió con el nacimiento del siglo XIX y con el cine mismo, pero tan perfeccionada que sus responsables fueron considerados pioneros en ella. También hicieron uso de la animatrónica (el empleo de mecanismos robóticos o electrónicos).

Willis H. OBrian, especializado en este sistema con anteriores películas de dinosaurios, fue el encargado de manipular las maquetas y los muñecos y cuyo resultado fue éste.

El éxito de aquel título llevó a la productora RKO a lanzar una secuela el mismo año: El hijo de Kong, una película mucho más ligera que la anterior y que recuperaba el argumento de Carl Denham, el cineasta (y un poco villano) que promovió la expedición a la isla de Kong para hacerse rico.

En este nuevo título, el director vuelve al mismo lugar, pero con otra chica. Allí se encuentran con el hijo de Kong, diferente de su progenitor por su pelaje pálido, con un menor tamaño y un carácter más cómico. Aunque muy parecido, el argumento sirvió esta vez para redimir a Denham de la perversidad de su personaje en la entrega anterior.

La siguiente en la lista de títulos es una película perdida, sin rastro. En 1938, los japoneses lanzaron su propia versión llamada King Kong aparece en Edo, una producción muda dividida en dos partes. Se desconoce si existe alguna copia oculta y no hay manera de acceder a ella en la actualidad.

‘King Kong contra Godzilla’ (1962) y ‘King Kong escapa’ (1974)

Pero también fueron los japoneses los que retomaron la historia en 1962, incorporando un personaje que ya es uno de los iconos más identificables de su cultura: Godzilla.

La productora Toho se hizo con los derechos de King Kong, basándose en una idea del animador de la película original, Willis H. O’Brien, que proponía un enfrentamiento entre el gorila gigante y el monstruo de Frankenstein. Pero la gran estrella de su estudio era otro monstruo: Godzilla, así que optaron por enfrentar a ambos en la misma película.

El nuevo King Kong era mucho más majestuoso, con una estatura de cuarenta metros de alto y una enorme fuerza. Además, podía aumentar su poder con la energía eléctrica.

ugando con la óptica, se empleó por primera vez a un actor disfrazado de King Kong. Sin embargo, el traje no estaba del todo logrado y su cara resultaba inexpresiva, por lo que la credibilidad era menor que algunos de los planos del King Kong articulado (también facialmente) del stop motion.

El director de aquella película, Ishiro Honda, se hizo cargo años más tarde de la segunda parte, King Kong escapa, donde recurre al uso de maquetas para mostrar la destrucción que deja el monstruo a su paso. En esta historia, Kong tiene que enfrentarse consigo mismo hecho robot.

‘King Kong’ (1976)

Aunque el éxito del personaje estaba consolidado desde la primera película, King Kong fue uno de los grandes taquillazos de 1976, con el debut de Jessica Lange y Jeff Bridges como protagonistas del primer remake de la original.

El argumento cambiaba ligeramente, puesto que la premisa no era ya el rodaje de una película, sino la búsqueda de petróleo. También la ambientación, puesto que se actualizaba a la década y no a los años 30 de la primera película.

Otro de los elementos que incorporaron en este remake era el erotismo (que no existía en la de 1933) entre Lange y el monstruo. Además, cambiaron el emblemático Empiere State al que se encaramaba Kong mientras intentaba zafarse de los aviones por el World Trade Center.

La película recibió algunos premios entre ellos, su único Oscar, que fue por efectos especiales, a pesar de sus múltiples dificultades en este terreno.

Para desarrollar a King Kong, el equipo técnico empezó con el mayor muñeco animatrónico (robótico) de la historia, pero solo llegó a aparecer en pantalla poco menos de un minuto debido a las dificultades que presentaba.

En su lugar, se volvió a la idea del disfraz, en el que se metió el propio responsable de efectos especiales y maquillaje Rick Baker. Sin embargo, era un disfraz muy mejorado en comparación de la película de 1962, puesto que permitía realizar expresiones faciales.

Además, los realizadores jugaron con la óptica y grabaron manos como si se tratara de manos gigantes y emplearon miniaturas muy cuidadas.

Tras su éxito, años más tarde hubo una secuela, King Kong 2 (1986), que sin embargo obtuvo una nominación Razzie (considerado como el anti Oscar) por esta misma categoría.

‘King Kong’ (2005)

Durante casi dos décadas, el legendario personaje de King Kong cayó en el olvido. A pesar de que ya existiera el remake de 1976, Peter Jackson se lanzó a adaptar de nuevo el argumento en 2005, con un proyecto muy ambicioso en cuanto a técnica visual y efectos especiales.

Aunque ambientada en la misma isla de Kong, era la primera vez que la historia no se rodaba en un estudio de cine.

En cuanto al argumento, es el mismo que el de 1933 pero con mayor profundidad de los personajes, especialmente el de la actriz (Naomi Wats en el lugar de Fayu Wray y luego Jessica Lange) y el propio monstruo, que ésta vez se mostraba más humano no solo en cuanto a comportamiento sino en cuanto a estatura (unos siete metros). La relación entre ambos, por extraño que pareciera, fue el pilar sobre el que se sostenía la película.

Pero, si Kong era humano, era precisamente porque, por primera vez, era interpretado por un actor de verdad y sin disfraces gracias a la técnica de “captura del movimiento”. En este caso, el actor Andy Serkis (que también ha interpretado a otros como Gollum en la trilogía de El señor de los anillios; César, el chimpancé protagonista de El origen del planeta de los simios de 2011; o al líder supremo Snoke en Star Wars), se convirtió en el nuevo primate gigante.

Se trata de una técnica (motion tracking o mocap en inglés) traslada el movimiento de actores o animales vivos al ámbito digital gracias a las técnicas de fotogrametría tan utilizadas desde hace años en el cine de ciencia ficción y en la industria de los videojuegos.

‘Kong: la Isla Calavera’

Pero el 2005, por moderno que parezca, queda ya atrás. Para Kong: la isla de calavera, que se acaba de estrenar, se han empleado distintas técnicas.

Una de ellas es la temida CGI, es decir, la creación de seres a través de la computadora. Es la misma técnica, con la que, por ejemplo, Carrie Fisher “rejuveneció” en la última entrega de Star Wars: Roge one y que consiste en el diseño gráfico de los personajes.

Se trata de un sistema que, por creíble que pueda parecer en el momento del estreno de una película, suele envejecer muy mal. Son testigos de ello algunos filmes como Catwoman o Harry Potter y la piedra filosofal.

También se empleó la captura del movimiento que se aplicó a la cara del actor Toby Kebbel y el entrenador Terry Notary.

Para los movimientos del primate se diseñó por completo su estructura ósea y muscular y la reacción de su vello ante los movimientos. Fueron más de 19 millones de pelos dibujados a mano los que se la indicaron al ordenador, que recibía órdenes de dónde iba cada uno y qué aspecto debía tener. /RTVES