Los Estrada entretienen en los semáforos del norte

Un vehículo 4×4 se detiene ante el semáforo. Dentro de este viaja una persona de aproximadamente 70 años. A los costados y detrás del automotor hay cerca de 10 carros que aguardan el cambio de luz. Pero en ese período que dura más de un minuto, Joel e Ítalo Estrada aprovechan para dar un espectáculo.

Al ritmo de reguetón saltan a media vía bailan con tanta sincronización que despiertan la admiración de los conductores y sus acompañantes. Pero los aplausos se los guardan para el final cuando Joel carga a Ítalo como si fuera un maniquí. Desde el 4×4 el ocupante baja el vidrio y les regala $ 5; además les da las gracias porque le alegraron el día, según dijo.

La frase llena de alegría a este par de hermanos que se dedican a bailar en los semáforos desde hace 3 años. Con arte y alegría Mientras Ítalo trabajaba como mensajero en una empresa, Joel lo hacía como oficial de albañilería. “Nos quedamos sin trabajo y decidimos explotar la parte artística que yo tenía” dice Joel, quien estudió danza y ballet. Durante semanas ensayó junto a su hermano.

Sincronizaron movimientos y dejaron para el final del número artístico en el que carga a su hermano. “Esa parte es la que más impresiona, porque parece un maniquí. Pero es un efecto visual, porque no pesa mucho y la forma en que lo cargo lo aliviana”. Ambos son bachilleres y aunque no tienen hijos, dicen que lo que ganan en un día de trabajo les alcanza para vivir sin complicaciones. Un fin de semana pueden obtener hasta $ 120 y un día ordinario $ 60.

Pero los peligros de la calle están latentes. “Un día una persona nos insultó y nos dijo que teníamos mal olor, fumones vayan a trabajar. No me molestó porque lo que hacemos es trabajar. Si alguien no quiere darnos una moneda jamás se la exigimos. Pero así como muchas personas no felicitan porque les alegramos el día. Otros se incomodan”.

También han sufrido el robo de sus celulares. Para ellos la calle está llena de peligros, pero es el lugar en donde trabajan. El sonido de la música que bailan muere opacado por el ruido de los motores. El sol fortísimo no les da tregua. Un poco de agua en la cabeza sirve para amilanar el calor. El semáforo se vuelve a poner en rojo y los Estrada saltan una vez más a la mitad de la Isidro Ayora. La vida no se detiene. (I)

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