Lo que el agua del mar sí puede y no puede hacer por su salud

Hoy es el último día de los Baños de Ola en Santander, unas fiestas en las que los locales se visten de época para conmemorar los primeros veraneos, a mitades del siglo XIX, cuando las nuevas corrientes medicinales que llegaban de Francia e Inglaterra otorgaron al agua del mar poderes terapéuticos que, con unos ejercicios concretos, curaban el asma, la depresión o los problemas circulatorios.

Se celebra concretamente el primer baño de la reina Victoria Eugenia, un 17 de julio, con el que quedó inaugurado el veraneo de la corte en Santander. También en Barcelona proliferaron casas de baños de vapor con agua de mar. Hace ya más de siglo y medio de aquellos primeros baños y cada verano hordas de turistas se lanzan a la costa como en busca de un regalo. Hay teorías que apuntan que, quizás, nuestros ancestros pasaron largas épocas asentados en la costa, lo que generó un vínculo visceral con el agua, una atracción escrita en los genes.

El célebre zoólogo Desmond Morris, autor del libro El mono desnudo, defensor (como prácticamente toda la comunidad científica) de que nuestros antepasados no fueron simios acuáticos sino terrestres, apuntó sin embargo que a lo mejor, en algún momento, “ese mono de tierra se dio una saludable zambullida”. Fuera como fuera, la conexión con el agua es algo intrínseco en nosotros, y estar cerca del líquido elemento nos proporciona altas dosis de bienestar. Les contamos algunas bondades que la ciencia ha demostrado del agua de mar, y otras que son más bien pisto para los amantes de los bulos pseudocientíficos.

fuente:https://elpais.com/elpais/2017/07/14/fotorrelato/1500019784_941325.html