Alzhéimer deja secuelas en entorno del paciente

Titubea, fija la mirada en su hija Andrea Lapentti como si buscara en ella la respuesta certera que su cerebro no logra hilvanar: “Cuántos”, dice Helen Menéndez, de 72 años, “por lo menos ya más de un año”, responde enseguida frente a la interrogante del tiempo que lleva como paciente experimental de un fármaco, en fase de exploración, para detener la demencia por alzhéimer –enfermedad progresiva que afecta a la memoria, la comprensión, el lenguaje–.

“En realidad son casi siete años”, dice Lapentti, la segunda de cinco hijos. Ella abandonó el trabajo para cuidar a Helen, hoy con 72 años, luego de que la diagnosticaron en EE.UU. con la enfermedad del olvido.

Las alertas se dieron al percatarse que Helen daba vueltas en el patio de su casa o repetía preguntas, como el día cuando su esposo Freddy le pidió un vaso de agua en la vivienda del Barrio Centenario, en Guayaquil, en la que vivieron por décadas. “¿Qué me pediste?”, decía mientras subía y bajaba las escaleras evidenciando la pérdida de memoria a corto plazo.