¿Qué es y cómo se trata la escoliosis?

Una escoliosis es una deformidad de la columna vertebral (y por tanto, del tronco) que se produce en los tres planos del espacio (a lo alto, a lo ancho y a lo largo). La más común, llamada escoliosis idiopática, no tiene causa conocida y aparece al inicio de la adolescencia. En función de los grados de desviación y de la torsión vertebral, se trata de una forma u otra. Pero no todas las curvas son escoliosis. Determinadas actividades diarias de nuestros hijos pueden generar una desviación más leve, la actitud escoliótica. En este artículo explicaremos cómo distinguir ambas y qué hacer cuando aparecen.

La actitud escoliótica: ojo a las posturas

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Los sanitarios llamamos actitud escoliótica a una desviación de la columna en el plano frontal, es decir, una curva igual que la escoliosis, pero sin el componente rotacional y que, por tanto, se corrige con tan solo una serie de cambios a nivel postural y, además, no empeora ni se cronifica, aunque si se mantiene a lo largo del tiempo puede provocar alguna lesión por sobreuso o de tipo postural.

En estos casos, lo mejor es valorar el entorno y los hábitos diarios. Debemos tener en cuenta todas las actividades que se realizan durante el día que sean asimétricas como, por ejemplo: ¿carga tu hijo o hija la mochila solo en un hombro (y siempre en el mismo)? Por cierto, nada de carritos que se quedan pequeños por lo que el niño tiene que ir ladeado, y mejor #sinmochilas. ¿Ve la tele siempre desde el mismo sillón girando el tronco y la cabeza hacia el mismo lado? ¿Estudia cada día con un brazo apoyado sobre la mesa y el tronco orientado hacia el lado contrario? ¿Practica algún deporte asimétrico (tenis o pádel por ejemplo)?

Una vez valorado el entorno y los hábitos, sería necesario cambiar aquellos comportamientos que sean potencialmente agravantes de esa actitud escoliótica. El fisioterapeuta es el profesional encargado de valorar todos los aspectos relacionados con la ergonomía. Puedes pedir su opinión si tienes dudas.

La escoliosis idiopática: ¿tendrá que llevar siempre corsé?

Frente a la actitud escoliótica, la escoliosis supone una desviación de la columna en los tres planos. La más habitual, la idiopática, se da durante la adolescencia y con mayor incidencia, en una proporción de 2-1, entre las chicas. Hasta ahora, sabemos que existe una importante carga genética relacionada con la escoliosis, aunque aún no hemos logrado identificar el o los genes que hacen que se produzca la deformidad.

Esta es la escoliosis con la que debemos mantenernos alerta, pues la evolución natural de la enfermedad tiende al empeoramiento y se produce en cortos periodos de tiempo, justo en los picos de crecimiento, de ahí que generalmente se descubra durante la adolescencia. Así que lo más sensato, cuando veamos que nuestro hijo o hija tiene un hombro más alto que otro, o la cintura del pantalón comienza a quedar torcida, será acudir al pediatra para su valoración. Con una simple exploración física podremos descartar el proceso.

¿Y cómo se trata? A veces, con pocos grados de desviación y una avanzada edad ósea, es solo cuestión de colocar un alza en el zapato. En otras ocasiones será necesario usar un corsé de termoplástico a medida para ejercer presión en ciertos puntos y corregir la deformidad. Por tanto, no todas las escoliosis se tratan con corsé. Pero cuando se necesita, hay que ser muy riguroso con su uso. Lo explico con un ejemplo más conocido, los antibióticos.

Un corsé, como un antibiótico es un PRODUCTO SANITARIO que sirve para realizar un TRATAMIENTO PERSONALIZADO y que es prescrito por un ESPECIALISTA en la materia, justo igual que un medicamento.

¿Solo eso? ¡Qué va! Además, los corsés, como los antibióticos han de usarse según haya prescrito el especialista (con una horrible caligrafía, ya sabemos que eso es imprescindible para aprobar Medicina) y sería algo así: X gramos de antibiótico llamado Y, cada Z horas, en ayunas o haciendo el pino, justo tal y como nos haya dicho el médico, que para eso es quien está diseñando el plan de tratamiento… ¿Adivináis lo siguiente? Pues sí, ¡justo igual que un corsé! Lo prescribe el especialista y lo hace de forma que queda claro que hay que usar el corsé llamado W, durante Z horas al día, complementado o no con algún otro tratamiento.

La cuestión es que al igual que con el antibiótico, si no se realiza el tratamiento tal y como indica el especialista, existen muchas posibilidades de que fracasemos en nuestro intento porque las escoliosis no generan resistencias, de eso podéis estar seguros, pero las columnas que han sido “enderezadas” con un corsé no se van a mantener así si no usamos el corsé las horas que deberíamos, durante todo el tiempo que deberíamos y de la forma en la que nos han dicho que debemos hacerlo. No podemos terminar el tratamiento antes de tiempo, justo igual que pasa con los antibióticos.

Por todo esto, y por algunas cosas más (no quiero enrollarme), si eres un paciente, ánimo, sabemos que cuesta acostumbrarse. Pero de verdad que es posible hacer una vida normal llevando corsé. Si eres madre o padre de un paciente debes tener siempre presente que el corsé es la solución y no el problema. No se lo pongas más difícil a tu hija o hijo, anímale a cumplir los objetivos y felicítalo siempre que tengas la oportunidad.

Y por último, huye de los sanitarios que te inviten a no usar el corsé tal y como te ha recomendado el médico, y huye más rápido de los que directamente te recomiendan no usarlo.

FUENTE:http://elpais.com/elpais/2016/11/29/mamas_papas/1480433308_216450.html