Cruzar el Atlántico para dejar atrás el cáncer de mama

Tras sufrir un cáncer de mama, con la incertidumbre inicial, el miedo, la impotencia, los altibajos emocionales que acompañan a la transformación física, la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia… cualquier cosa se convierte en una nimiedad, incluso navegar un velero y cruzar el Atlántico.

Es lo que van a hacer cinco mujeres que han padecido cáncer-cuatro de ellas de mama y una de útero- y ahora van a atravesar este océano, desde Valencia a La Martinica. Yolanda, Marian, Patricia, Susana y Carmen se enfrentan al Reto Pelayo Vida Trasatlántica, en el que llevarán el timón, harán guardias nocturnas, soportarán el oleaje y las bajas temperaturas. “Peor eran las horas de quimio”, aseguran estas mujeres.

La expedición, respaldada por la Fundación Vencer el Cáncer, tiene como objetivo dar un mensaje de esperanza y lucha a todas las mujeres que han padecido o estén en tratamiento actualmente por esta enfermedad. “Es un premio increíble poder representar a un colectivo de mujeres y hombres también que han vivido o están viviendo una situación como la nuestra, y decirles ‘el cáncer no va a acabar con nosotros y este reto, que también es muy duro, tampoco'”, explica Yolanda. Es ante todo un mensaje de motivación, de superación personal y de ganas de vivir.

Uno de cada dos españoles nacidos en 2016 desarrollará algún tipo de cáncer“, indica Esteban Varadé, director ejecutivo de la Fundación Vencer el Cáncer. Todos estamos expuestos, todos conocemos a alguien con cáncer, pero el mensaje en un día como este 19 de octubre, día mundial del cáncer de mama, “es que esta enfermedad se puede curar”, continúa Varadé. El mensaje de este reto es de esperanza, de que hay vida después del cáncer, coinciden las protagonistas.

Sonrientes, todas viven este proyecto con gran ilusión, como todo lo que hacen ahora. “Tomarse un café y saborearlo, apreciar los pequeños detalles de la vida, disfrutar de las cosas que antes con el estrés no podía, la familia, los amigos, priorizas y vives de otra forma, somos más felices, más humanas“, repiten todas cuando se les pregunta.

Diferente es cuando recuerdan los malos momentos, que cada una vivió de una forma distinta. Para Patricia (37 años), madre de dos niñas pequeñas, lo peor fue recibir la noticia. “Conoces casos que no lo superan y dices ‘es que no se puede acabar aquí’. Luego estás metida en el tratamiento y no ves otra cosa que superarte e ir hacia delante. Mis hijas han sido el motor para sonreír todo el proceso y luchar“, comenta esta bióloga de Palma de Mallorca que hace años participó en varias campañas del Hespérides, un buque de la expedición oceanográfica gracias al cual pisó la Antártida.

Para Carmen (57 años), médico de familia de Madrid que supo que tenía cáncer de boca de su marido, ginécologo, lo peor fue cuando al principio aún no sabía en qué estadio estaba “porque además yo soy médico y sabía que el pronóstico iba a depender de lo extendido que estuviera el proceso. Para mí era un añadido saber lo que significaba cada prueba que me hacían”.

En el caso de Yolanda (50 años), empresaria inmobiliaria que vive en Málaga, lo más duro fue “perder el útero y recorrerse todos los departamentos de Oncologíadespués de haberlos visitado por la leucemia de mi padre, entonces no me podía ni imaginar que me podía tocar a mí”.

Marian (46 años), guardia civil de Madrid que vive en Jaca, confiesa que nunca había dicho qué era lo más duro para ella. “Mirarme al espejo. Ni el tratamiento dequimio, ni el tratamiento de radio. Mirarme al espejo y cada vez que me miraba me reconocía menos y pensaba ‘¿Dónde estás Marian? Vuelve por favor, quiero volver a ser como era’. Pierdes el pelo, se te queda la piel muy pálida, engordas muchísimo por el tratamiento hormonal que sigues y lo que peor llevaba era enfrentarme a un espejo”.

Cuando Susana (42 años) recibió la noticia se quedó en estado de shock y su ginecóloga fue vital para ayudarla en ese momento. “Me dijo ‘no pasa nada’, se levantó, abrió la puerta de la consulta, que estaba hasta arriba, y dijo a todo el mundo: ‘¿Quién ha tenido cáncer aquí?‘. Levantaron la mano casi todas las mujeres que estaban en la consulta y yo dije ‘ya está, no pasa nada, están todas perfectamente bien'”.

Para esta escolta en Casa Real de Madrid, “lo peor fue que estaba pensando en quedarme embarazada y tuve que posponerlo. Congelé dos ovocitos, que los tengo ahí esperándome para cuando termine la medicación, a ver si hay suerte. Ha pasado algún tiempo y aún me cuesta hablar de eso. Eso y decírselo a mis padres fue lo más duro”.

Segunda edición

Promovido por el periodista y escritor Eric Frattini, el Reto Pelayo Vida llevó el año pasado a otras cinco mujeres que habían superado un cáncer a la cima del Kilimanjaro. Las cinco mujeres que afrontan la aventura del Atlántico se eligieron entre las 90 que se presentaron este año, algunas de ellas desde Miami, Puerto Rico o Uruguay.

El barco Cannoball sale de Valencia el 6 de noviembre y llega a Málaga, donde estará unos días. Parte una semana después a Tenerife, donde se queda dos días y de ahí sale hacia Martinica, donde intentará llegar en 14 días. En la aventura estarán acompañadas por el médico Alberto Francés y serán supervisadas por dos regatistas profesionales: Diego Fructuoso, director de la travesía, y Iago López-Marra, que participó en los recientes Juegos de Río de Janeiro.

El reto, organizado por Trex Exploring, se incluye dentro del acuerdo de colaboración entre la aseguradora Grupo Pelayo y la Fundación Deporte Joven, enmarcada dentro del proyecto de Universo Mujer, programa impulsado por el Consejo Superior de Deportes y la Federación Española de Baloncesto. Además, cuenta con la colaboración de diversas organizaciones, entre ella la Fundación AstraZeneca o el Grupo Hospitalario Quirónsalud -como servicio médico oficial de la expedición-.

fuente:http://www.elmundo.es/salud/2016/10/19/58074c39ca4741387b8b4657.html