¿Comer o no comer atún?, una pregunta incómoda en Colombia

El pasado 13 de octubre la Secretaría de Salud del Atlántico envió una circular ordenando el retiro de los supermercados de un lote de Lomitos de Atún Van Camp´s porque sobrepasaban el nivel permitido de mercurio. De acuerdo al muestreo realizado por el Invima en Boyacá, esas latas contenían 3.9 mg/Kg de mercurio cuando el máximo permitido es 1.0 mg/Kg para los productos de pesca. Ante el hallazgo, lo indicado era evitar cuanto antes que cerca de 20.000 latas llegaran a los hogares colombianos.

La noticia causó un gran alboroto. El atún enlatado es un productopresente en casi todos los hogares colombianos. Y el mercurio, un metal pesado, al entrar al cuerpo humano se va acumulando hasta llegar a afectar al sistema nervioso central.

El director del Invima Javier Guzmán ha intentado tranquilizar a los consumidores. “No hay que crear zozobra. Ni satanizar el atún. Es un producto importante porque tiene alto contenido de proteína y nutrientes esenciales. El lote específico es un lote que ya retiramos del mercado. No pensamos que esté en ningún supermercado”, dijo a través de diversas emisoras.

El mensaje de tranquilidad de Guzmán puede resultar cierto para ese lote específico de latas de Van Camp´s pero oculta una verdad mucho más turbia: la presencia de atún con altos niveles de mercurio se está convirtiendo en un problema repetitivo y en un asunto de salud pública. Por tratarse de un producto de consumo masivo – el mercado local se estima en unos 400.000 millones de pesos anuales –, su importancia en la dieta de los colombianos y la fuente de empleo que representa, la información pública sobre los riesgos de su consumo se maneja con extrema cautela. Muchas veces a costa de datos que deberían estar en manos de los consumidores.

Alertas repetitivas

Hace seis años, las investigadoras Adriana Lozano, Ana María Campos y Gladys Rozo, químicas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano dieron uno de los primeros campanazos de alerta. En aquella ocasión realizaron un muestreo en Bogotá, donde se comercializa cerca del 70% del pescado del país, y demostraron que los niveles de mercurio en atún estaban al borde de lo permitido por la legislación colombiana (1.0 partes por milllón para el atún enlatado).

Los resultados de aquella investigación generaron bastante malestar. La Asociación Nacional de Industriales (Andi) inmediatamente emitió un comunicado público, asegurando que “el pescado y los mariscos que se consumen en Colombia no contienen mercurio”. Una conclusión apresurada y sin una base científica pero que dejaba entrever el temor de golpear un sector comercial tan importante.

En 2011, Juan Manuel Sánchez, un estudiante de maestría de la Universidad Nacional, llevó a cabo una investigación en la que evaluó la concentración de mercurio en diversas marcas de atún enlatado comercializadas en la ciudad de Cartagena de Indias. Sánchez tomó 41 muestras de atún enlatado en agua de cuatro marcas comerciales. Las concentraciones de T-Hg en las muestras de atún variaron entre 0.09 y 2.59 ppm (tres veces más de lo permitido). El 34% de las muestras analizadas excedió el límite máximo de mercurio establecido por la legislación colombiana y el 59% de las mismas sobrepasó los niveles recomendados por la OMS (0.5 ppm). Las muestras de una de esas empresas resultaron más contaminadas que el resto. El investigador no reveló el nombre.

Una vez más la publicación de esos resultados generó malestar tanto en el Invima como en el gremio de comerciantes. En un comunicado el Invima informó que “que no existe riesgo para la salud por el consumo de atún enlatado en Colombia. Se garantiza la seguridad sanitaria de los productos (…) Las observaciones, conclusiones, análisis de laboratorio y recomendaciones formuladas (por el investigador) son de entera responsabilidad del estudiante y no se relacionan con las actividades de nuestra competencia”. De hecho el entonces director de Alimentos y Bebidas del Instituto, Harry Silva Llinás, descalificó la validez del trabajo de la Universidad Nacional asegurando que no estaba bien fundamentado en su diseño estadístico.

¿Por qué el atún es uno de los más afectados?

Los productos marinos son considerados como la fuente primaria de exposición humana a mercurio ambiental. A medida que un pez es más grande, más viejo y se alimenta de otros pescados es más probable que acumule más mercurio. Este metal se deposita en los tejidos y su eliminación es muy lenta. El atún, por ser una especie depredadora y estar en un punto alto de la cadena alimenticia, acumula más mercurio que otros. En términos científicos, “bioamplifica” el nivel de mercurio.

El riesgo en el caso colombiano es que no sólo el atún que se comercializa tiene un alto contenido de mercurio sino que el consumo entre los colombianos es bastante alto. Por lo que el riesgo entre la población se va multiplicando. Se estima que el consumo anual de atún sobrepasa los 100 millones de unidades.
La importancia del mercurio radica en sus efectos adversos en humanos. Como lo señaló Sánchez en su investigación puede provocar daño en el sistema nervioso central, pérdida de la audición, disminución en la visión, de la conciencia y hasta muerte en casos extremos. El mercurio es especialmente peligroso en mujeres embarazadas y niños. Durante el embarazo puede causar daño neurológico a fetos y niños, debido a que en estos el sistema nervioso está aún en desarrollo, incluyendo enfermedades como microcefalia, retardo en el desarrollo, deterioro cognitivo y trastornos neurológicos.

Tomando medidas

Javier Guzmán, director del Invima, aclaró a El Espectador que por ahora no se puede hablar de “resultados no conformes” de forma particular en una empresa. Y argumentó a favor de la seguridad del producto que se vende en Colombia que “estas empresas exportan a la Unión Europea.Esto implica que los controles no son solo del Invima sino de la agencia europea”.

Una posibilidad para explicar la repetitiva detección de mercurio en las muestras nacionales pero no por parte de la agencia europea, con una normatividad mucho más estricta que la colombiana, es que Van Camps esté dejando en el mercado local un producto distinto al que exporta. “Es un supuesto. Es una aseveración que sería muy grave. Muestreamos indistintamente. Es un solo proceso para el nacional y el exportado. Además de muestras en planta se hace en supermercados. Para tener representación de toda la cadena. No pienso que eso esté sucediendo”, argumenta Guzmán.

La alta acumulación de mercurio en el atún es una realidad mundial. La estrategia de las atuneras para cumplir con la normatividad de las agencia sanitarias es mezclar peces más jóvenes y por lo tanto menos expuestos al mercurio con otros más viejos y grandes donde las concentraciones son mayores.

El director del Invima insiste en que la institución está realizando periódicamente muestreos para evitar esta situación y la empresa ha implementado mejores sistemas de gestión del riesgo.

Permisivos con el atún colombiano

El atún que se comercializa en Colombia no podría ser vendido en otros países. La normatividad colombiana es excesivamente laxa. “El país ha sido sordo a las conclusiones académicas”, explica hoy la profesora Gladys Rozo, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. De hecho es una normatividad contradictoria e inexacta. Mientras el Icontex dice que la comercialización no debería sobrepasar los 0.5 mg/kilogramo de mercurio total, el Invima permite el doble de eso.

Las agencias europeas y norteamericanas son mucho más estrictas. De hecho, plantean cifras relacionadas con el peso corporal de cada persona. En el caso del Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios, se plantea 1.6 microgramos de mercurio por kilogramo de peso corporal por semana. La Agencia de Protección Ambiental europea habla de 0.1 microgramos por kilogramo de peso por día. Esto es importante, porque si no se tiene en cuenta el peso corporal, una persona que en Colombia consuma dos latas de atún a la semana ya estará excediendo el límite de consumo de mercurio en atún.

Rozo y sus colegas de la Universidad Jorge Tadeo dicen que tanto la industria como las instituciones de salud colombianas han sido reacias a mirar de frente este problema y modificar las normas.

fuente:http://www.elespectador.com/noticias/salud/comer-o-no-comer-atun-una-pregunta-incomoda-colombia-articulo-660950