Permiso de paternidad estrecha más el nexo del padre con su hijo

Lava los biberones con agua caliente para desinfectarlos. Igual hace con tazas de medición de la leche de fórmula, que prepara para alimentar a Bianca, de seis días de nacida. Eduardo Bedoya, de 42 años, es un empleado público. Accedió a la licencia de paternidad para cuidar a su hija y esposa, cuyo parto fue por cesárea. Su labor es la misma cada día. Se levanta en la madrugada cuando la nena despierta y la entretiene.

También cocina la dieta de su mujer: caldo de pollo con verduras. Lava la ropa de ambas. “Hay prendas que meto en la lavadora, otras van a la piedra de lavar”. Hace 10 años, cuando nació su primer hijo, las circunstancias eran otras. Entonces, en el Código del Trabajo no existía la licencia por paternidad. Recuerda que pasó apenas un día con él. Al siguiente tuvo que incorporarse a sus labores.

En casos de cesárea son 15 días; en parto normal, 10; y si el bebé nace con una enfermedad degenerativa, terminal o irreversible o discapacidad severa, la licencia, con remuneración, llega a 25 días. Ahora, los padres cada vez participan más de la crianza. Eso anota Bedoya. Compara lo que vivió hace 10 años, con su actual experiencia. Sus suegros le ayudaron con su primogénito. Su esposa es veterinaria.

Antes del 30 de este mes regresará a su trabajo. Esa ansiedad también experimenta Stalin Álvarez, de 26 años. El jueves 29 se le terminará la licencia. Su hija Teresita nació el miércoles 14, en el Hospital Gineco Obstétrico Luz Elena Arismendy, en el sur de Quito. Ha estado pendiente de ella y de su hermano de un año y medio. El tiempo le parece corto, pero lo aprovecha. Iván Nolivos es un abogado laboral.

Cuenta que desde la Constituyente del 2008 se habló del permiso de paternidad. Fue implementado en febrero del 2009, tras la reforma al Código Trabajo y la Ley Orgánica del Servicio Público. Rige en el campo privado y público. El objetivo -recuerda- era reducir brechas de género, para que padres y madres se ayuden en los primeros días posteriores al nacimiento. Antes no había permisos de paternidad y dependía de cada empresa si otorgaba días o no. En España, el permiso es de cuatro semanas.

En Noruega, la licencia es de 112 días. En Alemania, los días libres por maternidad y paternidad se comparten entre ambos; el plazo máximo es de 14 semanas. Fernando Saltos, de 27 años, pasa el mayor tiempo posible con sus hijos. Le hablaba a Franco, quien ya tiene 5, desde cuando estaba en el vientre de su esposa, Solange Gaibor. A las madres -apunta- se les hace más fácil establecer una relación con los bebés porque los llevan en sus cuerpos. Por eso, “el reto es crear vínculos con ellos desde el nacimiento”.

Él estuvo en el momento del parto, fotografió al recién nacido, cuando su esposa aún dormía, tras la cesárea. Fue el primero en cargarlo y vestirlo. Lo más inolvidable ha sido lograr que durmiera sobre su pecho. “No es solo hacer el hijo y allá. Esas experiencias generan lazos que duran de por vida”. La licencia de paternidad permitió que conviviera con Franco desde sus primeros días.

Ahora está por terminar el primero de básica. Lo lleva en su auto a la escuela, en un trayecto de 40 minutos. Responde a preguntas como: ¿Papi, el sol va a morir? Con su segundo hijo, de 10 meses, Saltos también es un padre involucrado en los cuidados. Se dedica a la animación digital, ya tiene un negocio propio. Así que maneja mejor sus horarios. En las noches, su esposa descansa, tras haberle dado de lactar al bebé.

Y él, lo arrulla para que se duerma. María Moreno de los Ríos, fundadora del Parto es Nuestro Ecuador, motiva a los varones, para que se impliquen en la paternidad desde el embarazo. Les pide que acompañen a los chequeos a sus parejas, que estén en el nacimiento y que luego cambien pañales… “Si el hombre se involucra en la crianza, ayuda al cambio de dinámicas en las familias”, afirma María. Y reitera que en el país, en las guías del Ministerio de Salud, se garantiza el derecho a que padres o un cercano a la mujer esté en el parto. Para Saltos, “acompañar en el día a día, proteger, apoyar, esa es la labor de un padre, no necesariamente de sangre”.

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