Canoeros de la Perimetral ahorran 45 minutos de viaje

A pocos metros de la Plazoleta del Cristo del Consuelo, unas gradas sirven de desembarcadero para quienes usan el servicio de canoas para ir o venir del Suburbio a la Isla Trinitaria, en el sur de Guayaquil. El recorrido sobre las aguas del estero Salado cuesta $ 0,25 y dura menos de un minuto, comenta Luis Marcelo Lara, de 62 años.  El esmeraldeño alquila en $ 30 una canoa de nombre Amelia con la trabaja desde las 05:30 hasta las 23:00 durante dos días seguidos.

El resto de la semana está compartida entre los otros dos dueños de lanchas a motor. Lara vive en Socio Vivienda 2, norte de Guayaquil y, para cumplir con su obligación laboral, debe pedir posada una noche en la casa de un hermano, ubicada en la calle 25. “La delincuencia es un problema incluso para mí, que en más de una ocasión los he transportado. Algunos hasta me han robado la ganancia de un día de trabajo”, dice el hombre radicado en Guayaquil hace más de 40 años.

Lara cuenta que una buena jornada de trabajo representa unos $ 150 de los que deja $ 40 para el motorista de la canoa que labora en el mismo horario.     La ruta es utilizada por estudiantes, amas de casa, trabajadores y todo aquel que requiera ahorrar un viaje que en promedio toma unos  45 minutos pasando por la vía Perimetral, reconoce Wendy Tomalá. La mujer de 30 años dijo que luego de realizar unas compras en la Bahía (centro de Guayaquil) decidió ir hasta la pista, cerca de la estación de la línea 32, con el propósito de subir una canoa y llegar en menos de 5 minutos.

Tiempo que tarda  desde ese punto hasta su vivienda ubicada en una de las cooperativas de la Isla Trinitaria. “Hace años vivía en este sitio,  pero por el trabajo de mi esposo me cambié al sur de la ciudad. En esos años nos enteramos de la idea de construir un puente vehicular en la zona, pero nada más se supo del tema, al contrario, rescataron el manglar construyendo un parque lineal, colocaron juegos infantiles y máquinas para hacer ejercicio”, recalcó Wendy. Desde hace 25 años, Bertha Borbor, vive en la zona de influencia de los canoeros, que además es frecuentado por tricimoteros.

Borbor apoya la conservación de este oficio que es una muestra —a criterio de ella— de las ganas de superación de la mayoría de las personas que residen en el lugar. En casi 30 minutos de recorrido de la canoa, se bajaron  más de 90 personas lo que muestra la utilidad del servicio informal. Para Raúl Morla, de 47 años, es la primera experiencia en esta canoa que le recomendó un amigo. “Venimos a visitar a un familiar que vive en la cooperativa Dignidad Popular y para no ir con el carro por lo peligroso del lugar, lo dejamos encargado a los trabajadores de la iglesia que se construye como parte de la Plazoleta del_Cristo de Consuelo”.

En el lugar conocido como “el puerto de la Isla Trinitaria”, Marcos (nombre protegido) sugirió seguir mejorando esta zona natural para que en el turismo local se desarrolle, se cree trabajo y se alejen los antisociales. Los canoeros encontraron en esta necesidad de transportarse una actividad que les ha permitido lidiar con la pobreza y ofrecer un servicio sobre las tranquilas aguas del estero Salado. (I)

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