Cristina Fernández reaparece en las primarias de Argentina

Con una mirada puesta en el bolsillo y otra en el pasado y el futuro, mañana los argentinos decidirán poco y nada en unas devaluadas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO)  que tendrán el condimento extra del regreso al ruedo electoral de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, amada y odiada con la misma intensidad según el color político y la clase social de los votantes.

Cristina, como la llaman todos en el país austral, será la primera candidata a Senadora por la alianza Unidad Ciudadana (neokirchnerismo y aliados que se presenta por fuera de la estructura del partido peronista) en la estratégica provincia de Buenos Aires. Allí vota casi el 40% del padrón nacional, por lo que el resultado en este distrito decidirá al vencedor de los comicios a nivel global, más allá de lo que suceda en el resto del país.

La exmandataria, que tiene varias causas de corrupción en su contra, reúne en promedio —según distintas encuestas— 33% de intenciones de votos. No es casual que este porcentaje sea similar al índice de pobreza del país. Cristina tiene su base de seguidores en los sectores más postergados, pero al mismo tiempo sufre un gran rechazo en las clases medias y altas.

Por ello su techo de votos es acotado, según coinciden encuestadores. Pero ese tercio de votos le alcanza para liderar los sondeos, dada la dispersión del sufragio. Detrás aparece el candidato de la alianza oficialista  —del presidente Mauricio Macri—, Cambiemos, Esteban Bullrich, arañando el 30% y más alejado el postulante de la coalición 1País, el excandidato a presidente Sergio Massa, con menos del 20%. Pero ¿qué se elige en estas primarias de mañana? Muy poco.

El sistema comenzó a aplicarse en 2011 con el objetivo de democratizar la elección de los candidatos, pero la mayoría de los partidos políticos o alianzas se las ingenia desde entonces para conformar listas de unidad.  El resultado es que los argentinos terminan votando a una lista ya armada a dedo sin elegir absolutamente nada.

De hecho, las tres alianzas principales de la provincia de Buenos Aires presentan una única lista. Entonces las primarias —que son obligatorias— se convierten en un virtual sondeo a cielo abierto, donde los electores deben inclinarse por sufragar por una de las listas ya consensuadas, sin competencia interna,  con vistas a las verdaderas elecciones, las parlamentarias, previstas para el 22 de octubre.

Solo las agrupaciones más pequeñas luchan por algo concreto: podrán participar en los comicios legislativos si alcanzan un piso del  1,5%. El resto solo participa para lograr un triunfo que actúe como impulso electoral de cara a octubre. El sistema es similar a cualquier elección. Los argentinos concurren a su mesa electoral y en el cuarto oscuro deben elegir en qué interna partidaria participar.

En la ciudad de Buenos Aires —donde Cambiemos tiene su feudo y es amplio favorito— solo el peronismo participará en una verdadera primaria entre los grandes partidos o alianzas, ya que presenta  en el distrito tres listas. Quien decida participar en la primaria peronista deberá elegir a qué boleta respaldar. Cambiemos aspira a ganar en 8 de los 23 distritos de todo el país.

Tiene asegurado un triunfo en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia mediterránea de Córdoba y apuesta a vencer a Cristina en el territorio bonaerense en una elección muy reñida, así como en otras provincias con menor peso como Entre Ríos y en feudos tradicionales del peronismo. Por el lado del “kirchnerismo” todos los cañones apuntan a la provincia de Buenos Aires. Un triunfo de la expresidenta la colocaría en carrera para repetir la victoria en octubre, aunque encuestadores advierten que Cambiemos aumentaría su caudal de votos si agita el fantasma de un regreso de Cristina al poder en las presidenciales del 2019.

Por ello Cambiemos basa su estrategia con un ojo en el pasado y otro en el futuro. Trata de evitar hablar a toda costa del presente, ya que la crisis social y económica que atraviesa el país solo actúa como motor del voto protesta. Los “tarifazos” de los servicios públicos, la elevada inflación y el aumento de la pobreza y el desempleo son el talón de Aquiles del gobierno. Entonces la campaña apuesta a un futuro de esperanza y a dejar atrás el “pasado” que en este caso no es otro que Cristina Kirchner.

Para el “kirchnerismo”, la apuesta es totalmente inversa. Evita hablar del pasado en medio de una profusa cobertura mediática de medios afines al gobierno en torno a los numerosos casos de corrupción que ensucian a varios exfuncionarios, entre ellos la propia exmandataria. Y enfatiza sobre el presente para lograr el voto de los descontentos con el “cambio”.

Mariano Recalde, primer candidato a legislador porteño por la Unidad Ciudadana (peronismo) de la Ciudad de Buenos Aires, dijo a        EL TELÉGRAFO que para mañana espera “que el pueblo se exprese masivamente en rechazo a las políticas de ajuste de este gobierno” porque “el cambio no era el que la gente había votado en 2015”. “No nos preocupan tanto los números (que alcance el peronismo-kirchnerismo en las primarias), sino que sea un rechazo masivo a las políticas que Mauricio Macri viene llevando adelante”. ¿Y el futuro de Cristina Kirchner? —preguntó EL TELÉGRAFO.

“Pienso que lo va a definir ella. Lo importante es el rol que está jugando en el presente, organizando y conformando una gran unidad ciudadana para enfrentar a un gobierno que otra vez le vuelve a dar la espalda al pueblo”, concluyó Recalde, expresidente de Aerolíneas Argentinas durante el gobierno “kirchnerista”. (I)

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