Fidel Castro ha muerto, pero Donald Trump podría dar una nueva vida a la dictadura de Cuba

Por fin, Fidel Castro ha muerto. Ahora el sistema opresivo que instaló en Cuba puede marchitarse y morir también, a menos que Donald Trump vuelva a las políticas de la Guerra Fría y dé vida a la nueva fallida dictadura de Cuba. Es tentador ver la muerte de Castro poco más que una formalidad. Después de todo, su hermano Raúl ha estado dirigiendo el país durante casi una década, desde que la mala salud de Fidel lo forzó a quedarse a un lado y le impidió volver a tomar el mando. Pero el mismo hecho que Fidel aún tomara aliento sirvió como un factor limitante en el programa de reforma económica que Raúl ha intentado promulgar.

Según The Post, Raúl Castro pronunció un discurso en abril en el que bromeaba diciendo que “tenemos dos partidos aquí, al igual que en Estados Unidos, el de Fidel y el mío”. Fidel es el comunista, agregó, “y puedes llamar al mío como quieras.” Hay una verdad considerable en esas palabras. Raúl ha estado tratando de mover a su país hacia el modelo chino de regla autoritaria de un partido combinado con algún grado de desarrollo económico de libre mercado. Fidel, un verdadero creyente en el brutal experimento comunista, siempre ha tratado de frenar, descarrilar o revertir cualquier cambio económico significativo. Según informes, Fidel estaba consternado por la forma en que la China de Mao Zedong fue transformada por las reformas de Deng Xiaoping. Vio que la sociedad se dividía en ricos y pobres. Peor aún, en su mente, vio al Partido Comunista Chino potencialmente sembrando las semillas de su propia muerte permitiendo la acumulación de riqueza privada y el desarrollo de la sociedad civil. Estaba decidido a que el Partido Comunista de Cuba no cometiera el mismo error. Pero el liderazgo cubano ya no tenía elección. Fidel apenas logró sobrevivir al colapso del imperio soviético y a la pérdida de enormes subsidios de la URSS y de Europa del Este. Los cubanos tenían hambre a mediados de la década de 1990 y hubo violentos disturbios antigubernamentales, pero “el Comandante” soltó las restricciones a la agricultura privada y la empresa – que luego las endureció de nuevo a medida que la crisis disminuyó. El régimen de Castro recibió otro salvavidas del hombre fuerte venezolano Hugo Chávez, a quien Fidel cultivó como protegido. Chávez dio a su mentor miles de millones de dólares de petróleo, tanto que los cubanos fueron capaces de satisfacer sus propias necesidades y vender el excedente en el mercado mundial de divisas preciosas. Pero Chávez murió, la economía venezolana se derritió y el régimen de Castro se encontró recién salido de los salvadores. Eso explica la voluntad de Raúl de trabajar con el Presidente Obama para normalizar las relaciones. Aquellos que se quejaron que Estados Unidos no “consiguieron más” en el acuerdo no entienden la realidad de la Cuba de hoy. Desde su punto de vista, los líderes cubanos estaban entregando uno de sus principales instrumentos de poder y control: la “amenaza” del vecino hostil de Cuba al norte. Durante medio siglo, los Castros citaron el embargo comercial impuesto por Estados Unidos, la prohibición de viajar a ciudadanos estadounidenses y otras medidas como “prueba” que la revolución cubana estaba bajo el ataque sostenido de Estados Unidos. Desde mi experiencia, he hecho 10 viajes a Cuba y he escrito un libro sobre el lugar – la mayoría de los cubanos no son crédulos; ellos ven a su gobierno por lo que es. Pero son nacionalistas. Incluso la mayoría de los valientes disidentes que se oponían al régimen de Castro argumentaban que la política estadounidense de línea dura era contraproducente, haciendo más para reforzar el sistema que debilitarlo. Raúl Castro sabe que necesita el impulso económico que una apertura a Estados Unidos producirá. Pero el precio que está pagando -permitiendo un mayor desarrollo económico de libre mercado, permitiendo un mayor acceso a Internet, permitiendo que más cubanos tengan teléfonos inteligentes- hará imposible cualquier retorno a una forma “más pura” del comunismo. Ahí es donde están las cosas ahora, y la muerte de Fidel debería acelerar el cambio en la isla. A menos que un determinado presidente electo haga algo trágicamente tonto. “Si Cuba no está dispuesta a hacer un mejor trato para el pueblo cubano, el pueblo cubano-americano y los Estados Unidos en su conjunto”, dijo Trump el lunes, “pondré fin al acuerdo”. Apuesto a que nadie, ni siquiera Trump, sabe exactamente lo que eso significa en términos de política concreta. Pero sabemos que ahora, por primera vez desde la administración de Kennedy, tenemos la oportunidad de inundar a Cuba con ideas y valores americanos. Así es como promovemos la libertad. Si Trump vuelve a una postura de implacable hostilidad estadounidense, decepcionará y desalentará a millones de cubanos mientras fortalece la mano de uno solo: Raúl Castro, que estará muy contento de jugar a David con el Goliat de Trump.

Fuente: The Washington Post

Traducción: Rocío Armendáriz