Casi un milagro en la ONU

Pese a que el esperado encuentro entre el presidente de EE.UU., Barack Obama, y el de Irán, Hasan Rohaní, no se dio en la 68 Asamblea general de las Naciones Unidas, las declaraciones entre ambas partes abren un camino de esperanza hacia el mejoramiento de la relación bilateral.

Los muy optimistas que esperaban el apretón de manos entre Obama y Rohaní olvidaron que los pasillos de Naciones Unidas no son el mejor escenario para resolver ningún problema de este tipo. Un diferendo que se viene arrastrando desde el anterior gobierno iraní, que involucra a Israel, y que finalmente se origina en el programa nuclear iraní, no se resuelve con un simple café en Naciones Unidas.

Estados Unidos e Irán han sido enemigos arduos desde que los iraníes, en plena Revolución Islamista de 1979, llevaran a cabo el secuestro de unos diplomáticos norteamericanos. Puesto así, las relaciones bilaterales entre las dos naciones desborda la intención de dos presidentes, y alcanza asuntos culturales, religiosos y políticos.

El saludo entre Obama y Rohaní pudo haber sido la cereza en el pastel de la 68 Asamblea General de la ONU, pero finalmente el encuentro (con el que tanto fantaseó la prensa) no se llevó a cabo. Primero porque en el almuerzo que el secretario general de la ONU ofreció a sus invitados no asistió el presidente iraní porque había alcohol. Después, la Casa Blanca informó que se había renunciado al saludo porque se había hecho “demasiado complicado para los iraníes”.

La delegación norteamericana vio en eso un desaire, pero manifestó entender que una foto de Rohaní junto a Obama implicaba un grave problema interno en Irán.

Lo cierto es que Rohaní expresó ante la Asamblea General que las armas nucleares “no tienen cabida” en el sistema de seguridad de Irán, y que había escuchado “atentamente” el discurso anterior de Obama y había llegado a la conclusión de que “existen posibilidades de crear un marco en el que resolvamos nuestras diferencias”. Un mayor gesto de buena voluntad por parte de Irán, imposible.

Aunque no se haya dado el simbólico gesto, igual en los pasillos de la Asamblea se produjo un milagro: el intercambio de declaraciones conciliadoras entre dos presidentes de las dos naciones que llevan enfrentadas por más de tres décadas.

Por David Sosa