La Lolita de la perdición de Polanski

Al director de cine polaco, Roman Polanski, siempre lo acompañó el escándalo. Tal vez el más grande de ellos fue el de su contacto “no apropiado” (para emplear la terminología jurídica de la época) con una adolescente, en 1977.

La jovencita de 13 años, de nombre Samantha Geimer, fue invitada por el cineasta a la mansión del actor Jack Nicholson, para hacerle una sesión de fotos. Pero la sesión fotográfica fue rociada con demasiado alcohol y drogas, y Polanski terminó sentado en el banquillo de los acusados por violación.

Después de declararse culpable y estar un tiempo en prisión, Polanski terminó huyendo a Europa -en 1978- y hasta la fecha tiene una causa abierta que le impide regresar a EE.UU., sin ser apresado.

Ahora aquella precoz adolescente -una adorable pelirroja con un flequillo llamativo- es una cincuentona bien casada. Pero ha vuelto a ser aquella adolescente ambiciosa con la reciente publicación de su biografía: The Girl. A life in the shadow of Roman Polanski (La chica. Una vida a la sombra de Roman Polanski).

La foto de la portada, cosa curiosa, es una de las que el director de El cuchillo en el agua y El bebé de Rosemary le tomó en la casa de Jack Nicholson en vísperas de sus 14 años, en dos sesiones. “Soy más que la niña víctima de un ataque sexual, la etiqueta que me adjudicaron los medios. También me encasillaron mis compañeros de instituto, empujados por sus padres a mantenerse alejados de esa chica. Ahora cuento mi historia sin ira, pero con un propósito; compartir una realidad que relatada en detalle me permitirá reclamar mi identidad”, dice Geimer cuatro décadas después en la presentación de sus memorias.

Muchos se preguntan por qué Samantha decidió ahora contar su historia, después de un juicio sórdido (donde la prensa filtró todos los detalles) y de alcanzar hace años un acuerdo millonario con Polanski.

Eso no importa. Lo cierto es que ahora muchos podrán conocer, de primera mano,  la historia truculenta. En las 265 páginas del libro se sabrá, al fin, lo ocurrido aquel marzo de 1977 y las décadas siguientes. Y de paso se restituirá un poco la imagen de una jovenzuela ambiciosa que, como la Lolita de Nabokov, hizo caer a un hombre maduro.

Eran los setenta, no se olviden. Unos años donde la sexualidad adolescente venía servida en bandeja de celuloide, de la mano de dos lolitas precoces: la Jodie Foster protagonista de Taxi Driver y la Brooke Shields de Pretty Baby. Tan inocentes como perversas. Tan cándidas como experimentadas.

Por David Sosa