De granero a cine-club en el Santa Ana

En un espacio que originalmente fue pensado como granero de la Cervecería Nacional, en el Puerto Santa Ana, un grupo de cinéfilos se reúne desde hace más de un mes alrededor de un Cine Club.

De granero pasó a ser un sitio donde los filmes de Eliseo Zubiela, Fernando Trueba y el chino Zhang Yimou (todos directores de culto) se han convertido en terapia sanadora para el espíritu.

Al proceso de recuperación del Cerro, que ya cuenta con una infraestructura espléndida de hoteles, museos y espacios para el deporte se suma ahora el de un cine-club.

Aunque Guayaquil se incorpore un poco tarde a la creación de cine-clubes (una tendencia consolidada desde hace años en las grandes ciudades de América Latina) se aplaude esta iniciativa de Mónica Reynoso, como forma de romper el monopolio de súper-héroes con que nos inundan cada año nuestras cadenas de cine.

Lo único que veo con preocupación es el costo: 10 dólares, una cantidad excesiva para los estudiantes, por ejemplo. La quintaesencia de los cine-clubes que conozco en Latinoamérica (muchos de ellos de filiación universitaria) es su bajo costo, si no qué gracia.

Puede que sea por el espacio limitado, o tal vez por el temor de que el sitio se “dañe”, pero si se quiere democratizar en esta ciudad -en este país- el gusto por el cine hay que pensar seriamente en reducir ese costo.

La iniciativa de Reynoso viene así a sumarse a las tradicionales tertulias fílmicas que hace Jorge Suárez en la Casa de la Cultura, una suerte de cine-club, ¡cómo no!, donde después de la película el crítico realiza un debate con los asistentes. Todo por el módico precio de $1 dólar.

Quien selecciona las películas en el Cerro es una académica vinculada con el cine y la literatura, Jeannine Zambrano, quien promete que el menú nunca pierda su sabor. ¡Enhorabuena!

Por David Sosa