Gonzalo Cucalón: La Corrupción

Alrededor del mundo, Latinoamérica destaca no solo por sus playas, sus montañas, su música o sus mujeres, sino también por la corrupción de su clase política y la alta inequidad en los ingresos de la población. Dentro de los países de la OPEP también es de lo más común encontrar corrupción basada en estructuras de poder rígidas. Tenemos que reconocer que las dos condiciones influencian el estilo de la corrupción en nuestro país.

Por alguna razón, alrededor del petróleo parece que crecen estas estructuras mafiosas. El Padrino sería aquel que tiene la última palabra en cuanto al manejo del acceso al efectivo generado por el oro negro, cuyo poder se basaría en acólitos que trabajen para él a cambio de una parte del pastel. Y esto independientemente del color de las tendencias políticas de los gobiernos de turno.

Esto a su vez podría crear estructuras sociales donde el nivel de jerarquía depende de la proximidad al dueño del circo. A nivel empresarial se vería claramente, mientras un empresariado de primer mundo está concentrado en desarrollar productos y servicios que puedan convencer a los consumidores en varias partes del globo atrayendo divisas para sus países, en los países petroleros el camino es más corto si el empresariado se concentra en lucrar del dinero circulante dentro del país aprovechando sus conexiones. “El que tiene padrino se bautiza” como dice la gente de sabiduría.

Estas diferencias se notarían también dentro de lo político. En un país donde los dineros del Estado provienen de los impuestos que pagan sus habitantes, los gobernantes se van a ver obligados a escuchar a una mayoría de la población que aporta de su bolsillo mientras que donde el gobernante maneja el recurso natural directamente es mucho más fácil satisfacer a los segmentos de la población que le sean convenientes y poder comprar el favor de ciertos grupos de interés que le aseguren su permanencia en el poder. La lógica de supervivencia política es mucho menos inclusiva en un país petrolero que un país donde el Estado se mantiene por los aportes de sus ciudadanos productivos. Un ejemplo extremo de esto sería la situación de Venezuela, aunque la verdad los países de la OPEP en general no destacan necesariamente por ser democráticos.

El caso Odebrecht es un ejemplo perfecto de cómo funcionarían estas estructuras de poder en Latinoamérica, donde tenemos a un heredero dinástico haciendo negocios con políticos de diferentes colores y sabores uniendo de esta manera los intereses privados con la política; un caso originado en los juicios por la corrupción en Petrobras que le costaron el puesto a Dilma Rousseff. Ambos son casos que recuerdan a la película “El Padrino III”, donde se ilustra muy claramente como los intereses de políticos y empresarios se podrían complementar para hacer ganancia a costa de los dineros públicos. El personaje Michael Corleone, hablando de un líder político, lo lleva al punto: “la política italiana ha tenido este tipo de hombres por siglos, ellos son la verdadera mafia”.

Esto quiere decir que si queremos mejorar la institucionalidad democrática del Ecuador necesitamos tener en cuenta las características tanto de países latinoamericanos como de los petroleros a la hora de implementar y diseñar reformas para transparentar las interacciones entre el sector público y el privado. Si queremos frenar la corrupción hay que ver las realidades en que vivimos.