Jerry Robalino: “Que se acabe ya la campaña”

Soy de ese grupo de ecuatorianos que desea que la ¨campaña¨ electoral termine, pero ya. Es una bomba de tiempo la que se cocina en las calles. En el almuerzo, en la oficina de trabajo, en las reuniones familiares, en la escuela de tus hijos, en todos lados, no hay espacio en el que las diferencias políticas no generen acalorados debates por las diferencias políticas. No hablaré a favor de uno u otro, solo describo lo que veo y expreso lo que siento.

Hablar y discutir de política es saludable para la sociedad, genera conciencia; pero la intolerancia en la que vivimos en estos tiempos es como gasolina a la hoguera. No solo que no respetamos un criterio distinto al nuestro, buscamos cambiarlo y que se someta a nuestra idea, y si no tenemos empatía de criterio lo menospreciamos, si el aludido se siente ofendido o acosado, contraataca con mayor tono o acción; y así el círculo vicioso hasta lo que vivimos en estos días: la agresión.

Le he preguntado a varias personas que me triplican en edad si este ha sido el proceso de captación de votos más agitado y hostil que han vivido, la respuesta es: Si. Sin titubear. Nadie lo duda, nadie hace el menor esfuerzo por recordar otras campañas, todos han estado seguros de que lo vivido esta vez no tiene antecedentes.

Está de moda la palabra ¨Borregos¨, así buscan definir a toda aquella persona que piensa igual que un líder, que acepta ciegamente su palabra, que le basta reconocer su voz para seguirlo confiadamente. Generalmente la aplican para atacar a los que votarán a favor de la continuidad del gobierno, pero no se dan cuenta que son víctimas de su propio insulto. Simplemente repiten lo que dice otro Pastor, siguen siendo borregos pero de otro rebaño.

Los borregos son votos, son personas propensas a seguir a otra, que deciden basadas en necesidades e intereses, son las mayorías, somos casi todos. Hoy buscan nuestro voto y para ellos nos proponen de todo sin decir como.

Al final nos estamos enfrentado a nuestros amigos, familiares, conocidos y hasta desconocidos generando una presión colectiva a la que ningún espacio se resiste.