Gonzalo Cucalón: Jenofonte, Maquiavelo y el Ahorr

Desde la lógica del poder político, para un gobernante quedarse sin efectivo es un grave problema. Sin dinero en las arcas públicas no se puede cumplir con los salarios de policías, militares, profesores, médicos y no se puede seguir con la obra pública; esto lleva al descontento no solo de los trabajadores sino también de los empresarios, no olvidemos que el gasto público influye en la gran mayoría de los sectores de la economía. No hay que conocer a fondo ni a Jenofonte ni a Maquiavelo para darse cuenta que la posición política del gobernante se debilita, dado que sin efectivo se queda sin la capacidad de poder satisfacer las necesidades de las personas que lo pusieron y lo mantienen en su puesto. Un Estado sin dinero siempre es causa de inestabilidad.

Esto es algo que los países petroleros saben muy bien, porque no es coincidencia que países como Noruega, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait, Catar y Brunei tengan fondos de ahorro soberano con algunos ceros antes del punto. En nuestro barrio, Chile mantiene fondos de ahorro soberano de manejo independiente mientras que Bolivia alimentó sus reservas internacionales y las mantiene a disposición del ejecutivo. De ambas maneras, el ahorro ha aportado a la estabilidad de ambas economías en épocas de precios bajos de las materias primas, generando beneficios clave, porque la inflación se mantuvo baja y el costo del endeudamiento del Estado en los mercados internacionales también.

Sin embargo, a muchos gobernantes lo que les conviene políticamente, tener en cuenta que al ahorrar también se sacrifican ingresos inmediatos para la población, es la generación de mayores ingresos para el país durante su período a través de programas de infraestructura y de subsidios al pueblo, que ciertamente estimulan al sector empresarial y los ingresos de los más necesitados (lo cual aumenta la inflación también). Por eso es que muchos a lo largo de la historia, teniendo en cuenta su conveniencia política de cara a las próximas elecciones, han optado por la inversión pública y subsidios para mantener su popularidad alta. Entre los nuestros, Velasco Ibarra lo entendía muy bien.

Si bien la infraestructura y los subsidios son absolutamente necesarios, el problema se da cuando el Estado se queda sin fondos para cumplir sus compromisos porque baja el precio la materia prima que le genera efectivo. Para evitar estos picos y caídas, la llamada maldición de los recursos, la experiencia de otros países nos dice que es necesario ahorrar durante la bonanza para no tener que sufrir ni financiera ni políticamente durante los tiempos de vacas flacas. En lo político, durante fases de ingresos bajos, el costo de no tener efectivo disponible para cumplir con los beneficiarios de los servicios públicos podría ser más alto que el beneficio de haber invertido en infraestructura, que no genera un retorno de efectivo inmediato. En estos tiempos de elecciones, donde los temas del endeudamiento y de la inflación están de protagonistas, esta posibilidad se vuelve evidente.