Gonzalo Cucalón: Redes Sociales y Elecciones

Aunque a primera vista Justin Trudeau y Donald Trump tienen muy poco en común, los últimos ciclos electorales en ambos países nos dejan ciertas lecciones y abren nuevas perspectivas en esta era de las redes sociales. En ambas elecciones ganó el candidato menos esperado y perdió el partido de gobierno, en ambas elecciones el candidato apoyado por la mayoría de la prensa tradicional perdió y en ambas elecciones la discusión política se centró en escándalos: En Canadá se descubrieron tuits y videos racistas, chauvinistas y misóginos de parte de algunos candidatos y, por supuesto mi escándalo favorito, donde se revivió la video-denuncia de un conservador haciendo sus necesidades en una taza de café en la cocina de uno de sus clientes. Esto es ligero comparado al nivel en las elecciones al sur, donde tuvieron grabaciones sobre acoso, revivieron el maltrato hacia Alicia Machado, resurgieron denuncias de abuso sexual y por supuesto, los e-mails resucitados por la investigación sobre denuncias de abuso sexual infantil a un ex congresista. Tal como en el triunfo del Brexit y del No en Colombia, también ganó el candidato más carismático, el que mejor supo conectarse con su electorado de manera digital.

Tanto Twitter como Facebook causan polémica por su influencia en la discusión política. Twitter limita la conversación de temas complejos y grises, donde faltan palabras para ilustrar diversos puntos de vista, incentivando mensajes cortos y que llamen la atención. Tal vez por esto es que sus miembros tienden a caer en el insulto rápidamente, alimentando de esta manera la discusión de escándalos por sobre el debate de políticas públicas. Agréguele a esto el hecho de que detrás de estos mensajes muchas veces están programas implementados para amplificar el eco de ciertos temas, los llamados bots. Facebook por su parte, es una red que trabaja para que en nuestro Newsfeed se muestren noticias y temas que nos gustan, lo que lleva a que solo cierta información se distribuya rápidamente entre seguidores de una misma tendencia, contribuyendo al aislamiento de personas que tienen visiones políticas diferentes y a la polarización del electorado.

El hecho de que en los Estados Unidos la mayoría de personas tengan como principal fuente de información a Facebook y Twitter ha llevado a muchos a decir que estamos en los tiempos de lo post-fáctico, donde los usuarios están expuestos a noticias y escándalos que se vuelven virales sin que tengan una gota de verdad. Lo cual es muy diferente a la prensa tradicional, que tiene códigos y métodos de trabajo periodísticos que por lo menos intentan obligar a contrastar la información y a asegurarse a que la noticia sea real antes de ser publicada. Uno puede hasta demandar por notas periodísticas falsas, pero el asunto se dificulta si es un bot el que está detrás.

En este contexto el discurso simple y conciso con una presencia mediática carismática como las de Trudeau o Trump tiene las de ganar, y si a este discurso le inyectamos algo de miedo, como hicieron los del Brexit, el propio Trump y la campaña del No en Colombia, tenemos un mensaje políticamente efectivo. A través de las redes se pueden entablar conexiones directas con el público y ser capaces de responder sus preguntas de manera personal, aumentando las posibilidades de candidatos outsiders de llegar a los votantes sin necesidad de usar la maquinaria partidista, lo cual lo ayuda a parecer más real. Parece que un discurso populista, quién diría, se ajusta muy bien al nivel de debate dominado por la viralización de escándalos, insultos y noticias falsas en burbujas informativas.

Umberto Eco, prediciendo las posibilidades de nuestra cultura mediática, alguna vez dijo: “La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. No me imagino lo que harán los políticos de nuestro país con estas herramientas durante la próxima campaña (aunque diariamente me llegan cadenas con información falsa), pero ya estoy preparando el canguil y sirviéndome la cola (gaseous).