La gran figura del Emelec 2013 fue el equipo

No sé si quedarme con ese cuarteto que terminó defendiendo al equipo, con esa tripleta encargada de dar equilibrio o con ese tridente dedicado a atacar. Narváez, Achilier, Nasuti y Baguí se consolidaron en los partidos finales de la primera etapa del certamen cuando pocos pensaban que el primero sería la solución para tapar la banda derecha o que el argentino realizaría un mejor torneo que el año pasado. Liderados por Dreer o Arana –otro que sorprendió cuando se lo requirió-, la zaga logró –en confabulación con el arquero y todo el equipo- que Emelec se convirtiese en el cuadro de menos goles encajados en la temporada (30 en 44 partidos, ni uno por partido). El único que no aportó con gol fue Narváez; Achilier y Nasuti marcaron en un par de ocasiones y Bagûí en una.

Llegó a ser tan equilibrada la oncena que dirigió Gustavo Quinteros que ninguno fue más que otro en la retaguardia millonaria. Así como la figura de la zaga fue la zaga completa pasó lo mismo con el equipo. El medio campo no fue la excepción, la ausencia de Pedro Quiñónez por lesión abría una gran interrogante de si el conjunto mantendría su rendimiento sin él, pero resulta que con un estilo distinto pero igual de importante, Osbaldo Lastra acabó con las críticas y las dudas de si tenía o no la jerarquía para jugar en el Bombillo y más para ocupar la plaza de un líder.

Sin la velocidad ni la presión que ejercía Pedro, el ex Macará le dio otros tintes al puesto de “5”: buen toque, gran sentido de ubicación y mejor distribución de pelota que su compañero. Se sintió bienvenido y cómodo junto a Gaibor y Giménez, quienes fueron de menos a más en la temporada. ¿El mejor de los tres? Todos. Con la diferencia de que Gaibor tuvo más regularidad. Entre los tres y Quiñónez aportaron con 16 anotaciones, siendo el paraguayo el campeón de goleo de este bloque con seis; Gaibor hizo 5, Quiñónez, 3; y Lastra, 2.

En la delantera, cuando Enner Valencia era el centro de las críticas de los hinchas millonarios y de la selección, el entrenador decidió enviarlo de titular junto a Mondaini ante Liga (Q) en la Casa Blanca. Una dupla fabulosa que podía convertirse en un tridente excepcional si Quinteros decidía agregar una pizca de gol con Stracqualursi. En ese mismo encuentro el argentino ingresó en lugar de Robert Burbano Jr. y convenció al profe de jugar junto a Valencia y Mondaini hasta el final.

Así, Emelec pasó del 4-4-2 al 4-3-3 en el que Lastra, Gaibor y Giménez terminaron siendo los abastecedores de los tres delanteros que consiguieron entre sí 21 goles en el torneo: Stracqua, 10; Mondaini, 7; y Valencia, 4. Ninguno ocupó un puesto fijo en el ataque. Se movilizaban por todo el frente de ataque para esquivar la costumbre y alejarse de un juego predecible para los zagueros rivales. Valencia no tuvo reparos en actuar por derecha o izquierda, Mondaini hizo lo mismo con el agregado de que también lo hacía por el centro y Stracqua fue movedizo, piboteador y colaborador. Distó mucho de ese “9” tipo poste que se dedica a esperar la pelota en el área.

Si sumamos los de Marlon (11), Marcos Caicedo (8), Mena (3), Vinicio Angulo (2) y Zeballos (1), el ataque azul consiguió 46 tantos en el año. Si bien el Bombillo no fue el más goleador del certamen (Independiente y Católica marcaron 70 y 68 en ese orden), fue tercero en esa escala (67 tantos) y terminó con el mejor gol diferencia del torneo (más 37, quince más de gol promedio que su inmediato perseguidor Independiente que cerró con más 22 y lejísimos del resto). Sin duda, el equipo más equilibrado del 2013. ¿Qué tuvo problemas para marcar cuando los rivales se defendían? Sí. Por ello, requiere para el 2014 que llegue un jugador distinto, de buen pie, que le otorgue un toque de magia, de talento. Suena Damián Escudero, el hijo del “Pichi”, ex enganche zurdo de Vélez y Boca. Si se concreta, Emelec ganará mucho con su pincel… Ya sé, me quedo con el equipo. De principio a fin.

Por Elías Vinueza Rojas