Chile, ¿de vuelta al populismo?

Las pasadas elecciones en Chile tuvieron al menos dos grandes sorpresas. La primera, que la candidata socialista Michelle Bachelet -la favorita- no arrasara en la primera vuelta, y que con el insuficiente 47% logrado tenga que ir a segunda vuelta, en diciembre, con Evelyn Matthei. La segunda, que cuatro ex líderes estudiantiles (Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Karol Cariola y Gabriel Boric) lograran la primera mayoría en sus distritos para convertirse en diputados.

En unas elecciones marcadas por el abstencionismo (más de la mitad de los chilenos no acudió a votar) la gran perdedora fue Michelle Bachelet, a quien la mayoría de las encuestas daba como ganadora por mayoría absoluta, lo que le habría dado una herencia directa para recibir la banda presidencial de manos de Sebastián Piñera, el 11 de marzo del año próximo.

La representante del pacto opositor Nueva Mayoría, que se presentaba a la reelección tras cuatro años en los que se mantuvo alejada de política chilena, Bachelet solo alcanzó el 47 por ciento de los sufragios, quedando a tres puntos de alcanzar el objetivo de ganar en primera vuelta.

La aspirante oficialista, Evelyn Matthei, que asumió la candidatura de la derecha tras las renuncias de los exministros Laurence Golborne y Pablo Longueira -y la derrota del extitular de Defensa Andrés Allamand en las elecciones primarias- demostró que la derecha chilena no está tan minada como se creía y ahora tendrá que capitalizar este segundo aire electoral.

La hazaña de Matthei fue doble: frenar con su 25 por ciento el seguro triunfo de Bachelet, forzando una segunda vuelta y cerrarle el paso al independiente Franco Parisi, candidato de corte populista a quien los analistas consideraban un competidor directo de Matthei.

Pero no fue solamente Parisi el responsable de que el populismo (un pájaro tan extraño en los aires electorales chilenos) tomara vuelo. También lo fueron los líderes estudiantiles que se hicieron famosos por salir a la calle a protestar, pidiendo educación gratuita en uno de los países más caros de la región para estudiar como es Chile.

De estudiantes protestones callejeros comenzaron a ser líderes de opinión, invitados frecuentes de programas de televisión y sus demandas ganaron, cada vez más, adherentes sobre todo entre la clase media. Sus demandas obligaron al propio presidente Sebastián Piñera a situar el tema de la educación como prioritario, y asimismo obligaron a los nueve candidatos presidenciales que se enfrentaron el domingo en las urnas a que lo tuvieran como eje central de debate.

Fue así como el pasado domingo se convirtió en “histórico” para Chile: los cuatro exlíderes estudiantiles, Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Karol Cariola y Gabriel Boric, lograron la primera mayoría en sus distritos para conseguir asientos como diputados. Pero ese hecho “histórico” también conlleva el riesgo de que el próximo gobierno en Chile se incline mucho hacia la izquierda, rompiendo el habitual equilibrio en los sucesivos gobiernos chilenos desde la época de la Concertación.

Camila Vallejo y Karol Cariola, detrás de su aire de estudiantes románticas y modernas (de hecho tanto Vallejo como Cariola compartieron charlas con un grupo de jóvenes de la Universidad de Ciencias Informáticas, en Cuba) esconden la verdadera esencia de militantes duras de izquierda que no han tenido problema en dejarse manipular por líderes sindicales obreros y extremistas, tanto chilenos como cubanos. Karol Cariola, de hecho, tiene en su currículum el haberse desempeñado como secretaria general de las juventudes comunistas chilenas.

Cuando visitó Cuba, Camila Vallejo dijo que no era perfecta y que tampoco era un modelo a imitar. Pero lo cierto es que ella vio la Cuba que quiso ver, y no se tomó la molestia de reunirse con disidentes, ni con ex presos políticos ni periodistas independientes, que no cuentan con las facilidades que las democracias burguesas les brindan a ella, y otros como ella, para realizar sus protestas callejeras.

Tal vez el verdadero triunfador de las pasadas elecciones chilenas haya sido el abstencionismo, que superó el 52 %. De acuerdo con el censo de 13,5 millones de votantes, solo 6,4 millones de personas concurrieron a las urnas, según el Servicio Electoral de Chile, tras contabilizar el 96,46 % de las mesas.

Ésta es la primera vez que se realiza en Chile una votación presidencial y parlamentaria con voto voluntario, por lo que no se podía prever el número exacto de abstencionistas. ¡Y vaya si sorprendió!

Por David Sosa