Procesión de Cristo del Consuelo congregó a fieles en nueva ruta

Guayaquil, 14 de abril del 2017.- GRAN GUAYAQUIL. Procesión del Cristo del Consuelo. Foto Carlos Barros/EL UNIVERSO.

La brisa del estero Salado acariciaba a la multitud que seguía la procesión del Cristo del Consuelo sobre el puente de la calle A, en un recorrido histórico. En medio de cánticos y rezos la feligresía deliraba, quería estar lo más cerca posible de la imagen, pero la Policía lo evitaba formando con sus hombres un cerco de hasta cuatro hileras.

El viento salino aplacaba este viernes el calor extenuante de la romería de Viernes Santo, cuando se cumplía una hora y 10 minutos de la peregrinación que había salido, a las 07:20, de Lizardo García y la A con destino al sector del Cisne 2.

En el puente la feligresía –movida por su fervor– se abalanzó a los policías, saltando las barandas que dividen los carriles opuestos y empujándose.

Por primera vez el estuario era testigo de esa fe desbordante de los guayaquileños, que caminaron junto al Cristo del Consuelo por quincuagésima séptima ocasión con motivo de la Semana Santa o Mayor.

Alfredo Macías, de 38 años, iba descalzo. El tumulto que desde Lizardo García hasta la calle 12 fue contenido por la policía por ratos lo asfixiaba, pero él no claudicó en su devoción.

Ese, contó, fue un sacrificio dedicado a Dios para que le conceda salud a su esposa, Paola Arboleda, con quien ha procreado un hijo, de 11 años.

“Pido por la sanación de mi esposa, esperando unos resultados para que salga negativo el cáncer al útero; el martes nos entregan los resultados”, relató Macías, quien junto a su hermano Xavier llegó a las 02:30 a la vigilia, que se hizo en el santuario desde el Jueves Santo.

Él, como el resto de la multitud, siguió el trayecto de la calle Pío López Lara, más conocida como la A, por la vereda.

La carroza del Cristo del Consuelo, decorada con flores, así como su corte de honor ocuparon el centro de la calle, seguidos de cerca por el arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera; el párroco Ángel Villamizar, entre otros.

Más adelante, la banda de músicos de la academia Altamar amenizó el recorrido, estimado en 2.700 metros, con temas religiosos como Madre de la juventud, Padre nuestro, tú que estás y el tradicional cántico del Cristo del Consuelo.

Janeth Sánchez decía sentirse afortunada por haber logrado adentrarse en el cerco policial desde la salida de la romería. Ella empuñaba cuatro velas y rezaba con los ojos entreabiertos, por ratos lloraba, al recordar que la relación con sus cuatro hijos no es tan buena.

La marea humana, que cubría la calzada y ambas veredas, tuvo que contenerse al llegar al puente de la A. La multitud cruzó con sus ramos de bambú, cuadros e imágenes religiosas en lo alto, a empujones, por el angosto paso que ya es parte de la nueva ruta religiosa.

Fueron pocos metros, agitados, en los que el grito de júbilo “¡que viva el Cristo del Consuelo!” retumbó entre la gente.

Los moradores, desde ventanas y balcones, fueron los espectadores de esta manifestación de fe. Algunos se unieron a las tareas de los bomberos al esparcir agua, pero con baldes para refrescar a los caminante

Aracely Castro, empapada y protegiendo con su mano las velas encendidas, avanzaba en oración. Por décimo año consecutivo pidió por la salud de su ahijado Jean Carlos, de 16 años. A los seis, el ahora adolescente padeció de cáncer en la mandíbula. Se lo encomendó al Cristo del Consuelo un Viernes Santo y él le concedió el milagro.

Lo sanó, pero sigue poniéndolo en sus manos para que no recaiga. También oró por su familia, por la humanidad y el destino político del país.

Algunos, como Julio Arias, peregrinaban con los ojos cerrados, dejándose llevar por la dirección del tumulto. Él, abrazando la figura de Jesús crucificado, agradecía por haber nacido de nuevo hace seis años.

“Viví 39 años de una forma desordenada, en el alcohol y las drogas. Lo perdí todo, mi familia, mi negocio. Pero un día Dios me iluminó y lo conocí. Él me cambió, nací de nuevo con su perdón”, expresó el hombre, siguiendo su marcha con fe, pidiendo el perdón de sus hijos por su ausencia.

El fervor de familias enteras se expresó hasta el final. Luego de 2 horas y 20 minutos de caminata, hasta la explanada del Cisne 2, los rostros de los feligreses reflejaban satisfacción. Y los aplausos empezaron.

Eran las 09:40. Miles aplaudían y gritaban “¡que viva el Cristo del Consuelo!” en su paso hasta los pies de la escultura ícono de la fe de los guayaquileños. Ahí, monseñor Luis Cabrera hizo un recuento bíblico de la muerte de Jesús.

Pidió a la feligresía que pusieran sus necesidades ante Dios con fe e hizo un llamado para que sean misioneros del consuelo para consolar a las personas afligidas. “Cuando nos sintamos decepcionados de la vida elevemos nuestra mirada dirigida al Cristo del Consuelo, para recobrar la paz, la alegría, la esperanza, los tres favores que el Señor nos da”, exclamó.

La alegría continuó con cánticos y alabanzas al Señor, mientras avanzaban en fila para acercarse a la figura religiosa que el sábado regresará al santuario del Cristo del Consuelo desde la capilla de la Virgen del Soto, en la D y Guerrero Martínez.

“Venga y refrésquese con un jugo de naranja o cómase una ensalada de frutas, más allá hay empanadas”, es lo que voceaba a cada rato Margarita García, de 53 años. Ella vive en una casa de caña, al filo del estero Salado y frente al monumento gigante del Cristo del Consuelo, del sector del Cisne 2. Junto a su familia aprovechó el nuevo recorrido de la procesión de esta imagen para instalar mesas de plástico detrás de la baranda, con el fin de ofrecer sus productos alimenticios.

Así como ella, decenas de moradores de este sector, junto a sus familias, dijeron estar felices por la nueva ruta, pues no solo les da la oportunidad de tener un ingreso económico sino también les permite observar cómo es la fe de los feligreses guayaquileños.

“Esto es una bendición, nos está ayudando muchísimo. Yo tengo a mi hijo sin trabajar y por eso toda la familia está ayudando. Mi nuera hizo ensalada de frutas, mi hijo jugo de naranja, la vecina corviches”, contó García, quien además alquiló baños y ducha para las personas que se amanecieron en la vigilia del Viernes Santo.

A pocos metros del puesto de ella estuvo Cecilia España, de 43 años, quien ofreció pescado frito con arroz, ensalada y patacones. Ella también reside en este sector y por primera vez realizó esta actividad.

España comentó que invirtió 69 dólares y antes de que pasara la imagen del Cristo ya tenía pocos pescados por vender.

“Venderé lo que Dios disponga”, aseguró la mujer junto a sus dos hijas que la ayudaron a atender a los feligreses.

Otras personas de sectores aledaños también acudieron e instalaron sus puestos por donde pasó la imagen.

Uno de ellos fue Eduardo Boboy, de 57 años, quien dijo que este nuevo recorrido no solo trae ventas, sino también se da a conocer este sector. (I)