Iker regresa a un partido titular luego de 238 días

Iker Casillas no juega un partido oficial en el Real Madrid desde el pasado 23 de enero, cuando se lesionó en Mestalla. Su fractura en la mano no le dejó fuera del equipo dos meses, tal y como previeron los médicos, sino siete meses y 26 días (con sus 238 noches). Hoy, cumplido ese tiempo, Iker volverá para afrontar la única competición en la que se le reserva la titularidad (de momento): la Champions.

La presencia de Casillas en la portería (bajo palos lleva ocho meses) es el primer aliciente del estreno madridista en Europa. El debate está bajo mínimos, no obstante. Su reaparición llega tres días después del magnífico partido de Diego López en Villarreal. Por bien que lo haga Iker esta noche, apenas nadie reclamará su titularidad en Liga. Si, por el contrario, falla, se llenarán de razón todos aquellos que lo tienen por culpable de un delito invisible: sin él perdió el Madrid los títulos de la pasada temporada y sin él viaja ahora a dos puntos del Barcelona.

Algo está claro: el futbolista que coleccionaba milagros, encadena últimamente maleficios. Primero se le cerraron los caminos del éxito en su propio equipo y hoy se le cierran los de la escapatoria. Jugar en Champions significa que no podrá disputar esta competición con ningún otro club en la presente temporada. Así las cosas, la posibilidad de encontrar un nuevo destino en enero se reduce considerablemente. Lo más probable es que el niño nazca en España.

Por si los problemas fueran pocos, Casillas defenderá esta noche su honor en el infierno del Ali Sami Yen y ante uno de los puntas más afilados de la última década: Drogba (35 años y expupilo de Mourinho y Ancelotti en el Chelsea). Añadan a ese peligro un balance histórico desfavorable. El Madrid nunca ha ganado en Estambul y en sus dos últimas visitas ha encajado seis goles (3-2 en ambas visitas).