Real Madrid, Mariano marca un ‘hat-trick’ y el hijo de Zidane debuta con gol

A Zidane le sale todo. Hasta un hijo goleador. El día que Zinedine le dijo a Enzo aquello de “Yo soy tu padre. Únete a mí y juntos dominaremos la galaxia (del fútbol) como padre e hijo”, el pequeño no tomó el ejemplo de Luke Skywalker y cogió la mano de su progenitor, se calzó las botas de fútbol y la vida fue pasando hasta que un día uno, entrenador del Real Madrid, sacó al césped del Santiago Bernabéu al otro, con el 29 a la espalda. En cinco minutos había tirado una ruleta y al rato celebró su primer gol allí donde su padre se hizo leyenda.

Le darían ganas de darse la vuelta y celebrarlo gritando “¡Mira papá, he marcado, he marcado! Soy como tú”, como seguramente le dijo alguna vez cuando de pequeño imitaba a su padre en el salón de casa. Su disparo cruzado al que no llegó Leandro era el 4-1 del partido de vuelta de una eliminatoria de dieciseisavos de final de Copa que llegaba con un 1-7 de la ida en León. Y qué. Un partido sin historia puede ser un partido con muchas historias.

La de los Zidane tiene un nuevo tomo que escribir. La de Mariano apenas pasa del primer capítulo, aunque mirando a los ojos del delantero da la sensación de que lo primero que ha dejado encargado ha sido el índice y el título de todos los capítulos, que ya sabe por dónde quiere que discurra su cuento y que no piensa permitir ni un cambio editorial. Si un día llega a casa y se encuentra la cena fría es capaz de calentarla con un vistazo. Tiene fuego en los ojos, una cualidad del delantero que no se aprende, se tiene, se nace con ello.

Hizo tres goles. El primero, a los 24 segundos, empujando un servicio de Asensio, madrugador y listo como siempre. El segundo, tras un control de pecho orientado que le permitió soltar un zapatazo a la escuadra corta que claro, mete tú la mano ahí, con guante o sin él. Y el tercero, en el minuto 88, a dos del final, con todo resuelto, con los equipos a punto de darse la mano. Pero Mariano salió con un cometido y hasta que el árbitro no le mandase a la ducha no iba a parar.

Otra historia que dejó el partido fue la de Yeray. Seguro que se marcha dolido a León. Molesto por la derrota, por la eliminación. Quizás poco a poco se le empiece a pasar. Sobre todo cuando le correteen entre las piernas ojos brillantes y maravillados que le pidan que se lo cuente otra vez, que les diga si es verdad, que les ponga el vídeo de aquel zapatazo que soltó en el Bernabéu y que se coló en la red después de doblar la mano del portero. Igual entonces le salta una pequeña sonrisa de orgullo.

Odegaard maravilló, volviendo a demostrar que el Madrid tiene un diamante escondido en la caja fuerte y que, tal vez, debería exhibir sin urna protectora en el césped del Bernabéu más de cuando en cuando. James marcó y se le esbozó una mueca de felicidad, primer paso para la carcajada que lleva tanto tiempo esperando. Incluso Yáñez pudo salir un rato. Y a la Cultu este partido no le quita la cara de ascenso que se le está poniendo esta temporada. Ahora vuelven al día a día, sin distracciones, con el objetivo fijo.

El partido, es verdad, no tenía mucha historia. Pero el fútbol nos vuelve a todos un poco niños otra vez. Y si le sueltas un balón durante 90 minutos a 22 niños, siempre vas a encontrar muchas historias. El Madrid sigue sin perder, el Madrid avanza en Copa, el Madrid llega al Clásico feliz.