La historia de Marco Reus, un fenómeno marcado por las lesiones en momentos clave.

A 177 días de la lesión que lo dejó afuera de la Eurocopa, Reus volvió a sonreir. La historia de un fenómeno marcado por las lesiones en momentos clave.

Lo esperaba lo mejor y le sucedió lo peor

Iban 42 minutos del primer tiempo en un amistoso contra Armenia. Faltaban apenas seis días para el inicio de la Copa del Mundo. Ellos no lo sabían, pero algo grande estaba por suceder. Aunque iban a sufrir, el destino les tenía preparada una recompensa por su esfuerzo y su nivel. A todos, menos a uno. Menos a ese que a los 42 minutos transformó una jugada intrascendente en la peor de su vida. En su afán por recuperar la pelota, Marco Reus metió la punta de su pie izquierdo y el diablo metió la cola. Un toque involuntario de la pierna de Artur Yedigaryan le produjo una rotura parcial del ligamento anterior de la sindesmosis. Todas estas palabras no le importaban, porque el peor diagnóstico no era el de su lesión, sino que se perdería su primer Mundial en Brasil, que iba a ser el primero en todo sentido, porque un mes más tarde, Lahm levantaría la copa en el Maracanã.

En ese Mundial, además de conocer la gloria, Reus iba a captar aún más la atención de los colosos europeos que querían verlo brillar en la gran cita para convencerse de que es un crack. Lejos de Río de Janeiro y del Mundial, Woodinho (como él se hace llamar en Twitter) pasó 66 días inactivo y volvió a jugar en agosto para el Borussia Dortmund.

El éxodo hacia el Bayern Munich había comenzado con la partida de Mario Götze y seguiría con Robert Lewandowski y hasta Jürgen Klopp, el entrenador, también se marcharía para probar suerte en el Liverpool unos años más tarde. Pero Reus seguía allí, estoico a pesar de las lesiones y de las partidas de sus amigos, tentados por el dueño de la billetera más grande de la Bundesliga.

Pasaron apenas cinco meses y 18 días para que Reus volviera a sentir el dolor de la ausencia, esta vez en el tobillo derecho, tras una plancha durísima de Marvin Bakalorz en un partido de liga contra el Paderborn. Serían 45 las mañanas sin ir a entrenar con el resto del plantel, aún con el ardor en el pecho por no sentir la medalla de campeón del mundo que él también habría ganado de no ser por su inexplicable mala racha.


Reus estuvo 156 días lesionado en 2014, 79 en 2015 y 194 en 2016.

2015, otro año negro

Ya sin sus principales laderos y con Ilkay Gundogan que había resurgido tras una extraña lesión en la espalda que lo llevó a casi no poder caminar, Reus era la única carta ganadora del Dortmund para la segunda mitad de la temporada. Y el equipo de Klopp lo necesitaba porque el descenso era una amenaza real que ese plantel, finalista de la Champions League hacía dos años, no se podía permitir.

Sus músculos y huesos parecían no estar al nivel de su cerebro y por distintas lesiones, Reus estuvo 79 días lesionado durante todo 2015. Con la Eurocopa en el horizonte, soñaba con resurgir futbolísticamente al año siguiente para sacarse la espina del Mundial fallido. Sin embargo, todavía lo esperaba el momento más terrible de su carrera.

Afuera de otro gran torneo

El primer cuatrimestre de Reus en el Dortmund fue auspicioso: nueve goles en 22 partidos y la consideración de Joachim Löw para la Eurocopa de Francia. El 21 de mayo, Reus jugaría el último partido de la temporada en la final contra Bayern Munich por la Copa de Alemania. Los de Guardiola se llevarían el trofeo en los penales y Marco empezaba a sentir que algo no andaba bien en sus piernas.

Los días posteriores fueron un infierno. El dolor en los aductores era tal que apenas podía caminar. Reus soñaba con que eso fuera una pesadilla, pero estaba viendo una remake del 2014 en vivo y en directo. El 31 de mayo, en lugar de festejar su cumpleaños 27, Reus sintió una puñalada a la ilusión cuando Low anunció que lo dejaba afuera de los convocados para la Eurocopa y en su lugar iba Bastian Schweinsteiger. Otra vez un torneo importante con Alemania y nuevamente una lesión que lo dejaba postrado en su sillón.

177 días y una sonrisa

Además de perderse la Euro, Reus tuvo que afrontar la inactividad más larga de su carrera. Fueron casi seis meses lejos de la pelota. Pasó el verano europeo y se cayeron las hojas de los árboles mientras lo único que él hacía era sesiones de kinesiología. Le tocó volver en otra gran cita, la Champions League. Y el destino quiso que sea un partido memorable, con doce goles y un doblete de Reus, que volvió a dibujar una sonrisa en su cara y a sentir el calor del abrazo de todos sus compañeros del Borussia Dortmund, el club al que parece haberle jurado fidelidad eterna.